domingo, 23 de octubre de 2011

Proyectos urbanos estratégicos en ciudades latinoamericanas y europeas

Hace unas semanas, he tenido la oportunidad de participar en varias sesiones de debate sobre la naturaleza de los proyectos urbanos estratégicos y los grandes eventos en las ciudades latinoamericanas, invitado por una universidad brasileña y otra uruguaya. Las sesiones fueron promovidas por la Universidade Federale de Bahía (Salvador de Bahía) y por la Facultad de Arquitectura de la Universidad de la República (Montevideo) y se desarrollaron en esas ciudades. Además, en otra ciudad brasileña, Maceió, se celebró el Seminário Internacional URBICENTROS 2011, en el cual se trataron temas complementarios, pero también centrados en las experiencias y proyectos de ciudades que apuestan por diferentes tipos de proyectos urbanos como estrategia de transformación urbanística.

El punto de partida, en Brasil, es el de los eventos programados para los próximos años: Copa Mundial de Futbol Brasil 2014 y Juegos Olímpicos en Río de Janeiro, el 2016. En Salvador, el debate surgió tras mi presentación “A herença urbanistica dos grandes eventos”, y sirvió para detectar algunos paralelismos y especificidades entre los proyectos que se llevan a cabo en las distintas sedes del campeonato de fútbol, así como en la preparación de los Juegos Olímpicos con la mirada puesta en las experiencias recientes de otras ciudades, muy especialmente el caso de Barcelona. También fue objeto de análisis la experiencia de la Exposición internacional de Zaragoza de 2008, centrándose en los aspectos urbanísticos más relevantes: estrategias urbanas, impacto, proyectos asociados, etc.
Parque olímpico de Río 2016 (proyecto postolímpico)
Salvador de Bahía: nuevo estadio 2014
En Montevideo, el debate se planteaba desde la oportunidad de actualización del Plan de Ordenamiento Territorial, aprobado en 1998. Allí se detectan situaciones más próximas a las de las ciudades europeas, como corresponde a una ciudad de características espaciales y socioeconómicas menos polarizadas respecto a las ciudades brasileñas. Así, la inclusión de determinados proyectos de carácter estratégico en Plan, muestra un recorrido bastante paralelo al del urbanismo que se impone en la mayor parte de las ciudades europeas. En cualquier caso, interesa poner de manifiesto la capacidad de los gestores municipales para controlar uno de procesos que están modificando la estructura tradicional de las ciudades latinoamericanas: la proliferación de “barrios cerrados” (“countries” en ciudades argentinas o uruguayas) ha sido frenada en Montevideo por una firme decisión del gobierno municipal. Y también podría destacarse que el Avance de ese Plan fue elaborado en la Facultad de Arquitectura, dejando al equipo de gerencia urbanística su encaje y desarrollo definitivo, en una muestra de colaboración entre Universidad y Ayuntamiento que recuerda a lo sucedido en Barcelona desde finales de la década de los 80.
Montevideo: Plan de Ordenamiento Territorial

Se reproduce a continuación el artículo, publicado en la revista Biblio 3W. Revista Bibliográfica de Geografía y Ciencias Sociales, Universidad de Barcelona, Vol. XV, nº 895 (3), 5 de noviembre de 2010
http://www.ub.edu/geocrit/b3w-895/b3w-895-3.htm

Urbanismo olímpico y postolímpico. Visiones profesionales, académicas y periodísticas

En una entrevista reciente, el conocido geógrafo y urbanista Peter Hall respondía así al preguntarle si creía que Barcelona está “muriendo de éxito”: “es una manera agradable de morir. Muchas ciudades lo desearían. En Europa hay muchas urbes en declive porque nacieron para cumplir una función que ya no cumplen. Para sobrevivir deben encontrar otra. Londres y Barcelona lo han hecho. Han perdido la mayoría de su industria, pero han encontrado otras actividades”. Ese diagnóstico contrasta fuertemente con otros que cuestionan el “modelo Barcelona” y sus implicaciones en la vida cotidiana de sus ciudadanos. Sólo por poner un ejemplo, el arquitecto y profesor Rafael Moneo, en un acto celebrado en el CCCB, decía recientemente que “el verdadero lujo es el de las ciudades sin turismo”. Una alusión indirecta a ese modelo de éxito del que Barcelona es un referente internacional.

Como profesor universitario y arquitecto urbanista, mi visión del urbanismo contemporáneo y, en particular, del “urbanismo de los eventos” resulta de una doble perspectiva. Por un lado, desde nuestro grupo de trabajo universitario en la UPC hemos analizado durante algún tiempo ciertos eventos, como los que han marcado la trayectoria urbanística de Barcelona en 1888, 1929 y 1992. Por otro, he estado implicado directamente (trabajando como urbanista durante cuatro años en la Expo de Zaragoza 2008) en un evento que, como los olímpicos, puede inscribirse en ese tipo de urbanismo que se ha calificado de estratégico. Con esa doble aproximación, académica y profesional, he podido comprobar la diversidad de enfoques e interpretaciones sobre el fenómeno de los eventos y, en general, del urbanismo estratégico contemporáneo. Una diversidad que todavía se amplía más al considerar las visiones de carácter periodístico, generalmente más críticas y, en todo caso, complementarias respecto a las anteriores.

Con intención de poner de manifiesto el interés de tener en cuenta esos puntos de vista tan diferentes, me parece oportuno comentar el urbanismo barcelonés al hilo de tres publicaciones recientes.

Barcelona olímpica y postolímpica
La primera publicación es un producto del área de Urbanismo, Infraestructuras y Vivienda del Ayuntamiento de Barcelona: "Barcelona, Transformación, Planes y Proyectos" (2008). Se trata de un volumen que forma parte de una serie iniciada a principios de los años 80 por dicho departamento municipal. En las bibliotecas universitarias es posible encontrar esa serie de volúmenes que, con un mismo formato (30 x 30 cm) y una gran calidad técnica, describen el urbanismo barcelonés de las tres últimas décadas. Ese hecho es ya indicativo de cierta continuidad en las concepciones urbanísticas durante todos esos años, algo que cuestionan los que oponen radicalmente el “urbanismo cualitativo” de los años 80 frente al eventualmente economicista y especulativo de los últimos años.
Efectivamente, es posible referirse a los distintos periodos “preolímpico”, “olímpico” y “postolímpico”. Pero no es menos cierto que, como apunta Oriol Clos arquitecto jefe del área, al presentar las estrategias de transformación actuales “desde el año 1979 el urbanismo de Barcelona ha seguido una evolución sin rupturas conceptuales. En esta continuidad se puede establecer una cierta inflexión alrededor de los Juegos Olímpicos de 1992. Los Juegos Olímpicos catalizaron los ensayos urbanísticos de los 80”. Aunque esa ausencia de rupturas sustanciales en las estrategias urbanas no impide resaltar la importancia del inicio, hacia el año 2000, de nuevas líneas de desarrollo de propuestas de planeamiento y proyecto para las actuaciones urbanísticas en curso. La complejidad de las transformaciones urbanas durante los últimos años debe tener en cuenta las concepciones que están en el fondo de las estrategias y las actuaciones puestas en marcha. Y ahí resultan decisivas las opciones tomadas en cada momento: desde las asociadas al discurso de la “reconstrucción de la ciudad” en el periodo preolímpico, hasta otras que permiten inscribir el urbanismo barcelonés en los procesos de revisión y en los cambios de ciclo del urbanismo a escala internacional durante la década de los 90.

Para algunos, esta presentación sistemática de los proyectos municipales puede ser entendida como una forma propagandística de la política municipal. Sobre todo si se atiende a algunas afirmaciones un tanto excesivas realizadas en el prólogo por el actual teniente de alcalde de Urbanismo sobre “la responsabilidad de gestionar el urbanismo de Barcelona, la ciudad en este aspecto más emblemática de Europa”. Pero el volumen tiene un contenido eminentemente técnico y se estructura en una serie de bloques que corresponden a los temas y ámbitos prioritarios de actuación urbanística: transformación, estructura, verde estratégico, proyectos urbanos, vivienda y barrios, ciutat vella. La reproducción de los documentos de carácter urbanístico y arquitectónico resulta de gran interés para conocer los instrumentos y los argumentos técnicos utilizados en las actuaciones de los últimos años. Porque una parte importante del “modelo Barcelona” se basa en las tentativas y los logros relativos a la integración de visiones sectoriales. Y esa es una aportación que queda suficientemente argumentada en un trabajo colectivo que corresponde al periodo postolímpico.

Barcelona y otras “ciudades olímpicas”Casi dos décadas después de la experiencia olímpica, Barcelona sigue siendo analizada en profundidad desde distintas perspectivas: geográfica, económica o histórica. No obstante, entre los centenares de artículos y publicaciones sobre el tema todavía no abundan los análisis comparados o con perspectiva internacional. Por ello, es importante resaltar la importancia de trabajos colectivos como el dirigido por J.R. Gold y M.M. Gold, Olympic cities: city agendas, planning and the world’s games, 1896- 2012 (Routledge, 2007, segunda edición en 2010). En el libro se interpretan los episodios olímpicos desde una perspectiva urbanística amplia. De los dieciocho capítulos, ocho son monografías o ensayos sobre otras tantas ciudades sedes de juegos olímpicos: Berlín 1936 (M.Meyer-Künzel), México D.F. 1968 (M.Barke), Montreal 1976 (D.Latouche), Barcelona 1992 (F.J.Monclús), Sydney 2000 (B.García), Atenas 2004 (M.M.Gold), Beijing 2008 (I.G.Cook), Londres 2012 (G.Evans). Además, un bloque introductorio incluye algunos ensayos de carácter general y otro se dedica a aproximaciones temáticas: financiación (P.Kitchin), promoción (S.V.Ward), regeneración urbana (J.Coaffee).

La visión comparada de este trabajo colectivo permite hacernos una idea de las continuidades y los cambios en el urbanismo olímpico y su relación con la trayectoria del urbanismo contemporáneo. La importancia del movimiento olímpico, naturalmente, va más allá de sus consecuencias urbanísticas. Pero es interesante entender que su utilización como estrategia urbanística no puede adscribirse de forma mecánica a la lógica de la globalización, como a menudo se ha interpretado el episodio de los Juegos de 1992 en Barcelona. Desde los Juegos de Londres en 1908 es posible comprobar impactos urbanísticos de cierta entidad. Y en los Juegos de Montreal de 1976 (casi una década después de la gran Expo de 1967) ya se utilizaban análisis de coste- beneficio, con una estrategia urbanística explícita.
En los distintos análisis, la experiencia barcelonesa se destaca como aquella en la que se produce un impacto urbanístico más evidente, asociado a la regeneración urbana, a la recuperación del litoral y a la catalización de otros proyectos urbanos previstos con anterioridad. Barcelona se convirtió, por estos motivos, en un referente que las candidaturas posteriores han tenido muy en cuenta (con excepciones como la de Atlanta 1996). Pero no habría que exagerar la originalidad del “modelo Barcelona”. Al menos en cuanto a lo que se refiere a la adopción de un urbanismo estratégico vinculado a la mercadotecnia urbana, ensayado por muchas otras ciudades desde la década de los 80 del siglo pasado. Lo que verdaderamente atrae la atención de los gestores y técnicos urbanos es el éxito de sus estrategias integradoras con resultados notables en el campo de la arquitectura y del diseño urbano. Y el objetivo creciente de las críticas es la excesiva presencia de la arquitectura icónica y cierta subordinación de las políticas urbanas a la lógica del turismo (con un peso cada vez mayor de las iniciativas empresariales en detrimento de las públicas) asociada al deseo de posicionar constantemente Barcelona en la Liga urbana internacional.

El urbanismo de los eventos y los “proyectos emblemáticos”
En paralelo a esas aproximaciones académicas, han proliferado otras visiones, generalmente más críticas, entre las que domina una perspectiva periodística. Aunque centrado en la arquitectura “estelar” y sus eventuales efectos urbanísticos, es destacable el libro de Ll. Moix, Arquitectura milagrosa. Hazañas de los arquitectos estrella en la España del Guggenheim (Anagrama, 2010). Se puede decir que el trabajo prolonga las investigaciones periodísticas del autor, cuyo libro “La ciudad de los arquitectos” (Anagrama, 1994), supuso una aportación interesante para conocer el papel de los técnicos en el urbanismo barcelonés.


En este ameno libro, el urbanismo reciente de Barcelona se presenta junto a otros episodios de “arquitectura estelar” y urbanismo estratégico en ciudades españolas. El autor sitúa en paralelo fenómenos como el de Bilbao, Valencia o Santiago en relación al de Barcelona o Zaragoza. Es decir, ciudades “sin eventos” pero con grandes “operaciones emblemáticas” presididas por arquitecturas estelares, junto a otras en las que los diferentes eventos (JJ.OO. 1992, Forum 2004, Expo 2008) suponen hitos importantes porque los plazos fijado para la celebración de los mismos supone ya compromisos ineludibles y marca las agendas de las instituciones, de los políticos y de las operaciones arquitectónicas y urbanísticas.

El autor, que ya había publicado una esclarecedora monografía sobre el papel de los arquitectos en la Barcelona olímpica (“La ciudad de los arquitectos”, Anagrama, 1994), efectúa una revisión crítica de las iniciativas de los últimos años asociadas a la proliferación de arquitecturas singulares y arquitectos estrella en diversas ciudades españolas, como parte esencial de un ciclo que ha marcado la economía y la política de las mismas. La confianza en el “potencial milagrero” de la arquitectura icónica y de los arquitectos estrella o la desmesura de algunas de esas operaciones no lleva a Llatzer Moix a generalizaciones excesivas, prestando especial atención a los casos de la “Ciudad de la Cultura” de Santiago de Compostela y a la “Ciudad de la Artes y las Ciencias” de Valencia. Porque es cierto que cada una de esas historias nos lega una enseñanza diferente. En esas dos ciudades, la lección es que “la conjunción de clientes inexpertos con arquitectos incontinentes conduce a la desmesura y al derroche de dineros públicos”.

En el caso de Barcelona, a pesar de su tradición urbanística y arquitectónica, la ciudad tampoco se ha librado de la “fiebre estelar”. Así, entre las “lecciones desaprendidas”, el autor explica de forma convincente la pérdida de un primer espíritu de intercambio cultural presente en el periodo olímpico, y su desplazamiento paulatino por la mercadotecnia de la imagen y de las apuestas icónicas. “La cultura, por la economía”. La visión irónica del autor sobre los penúltimos episodios – el edificio Fórum, la Torre Agbar o la remodelación del Camp Nou- resulta especialmente ilustrativa de esos cambios, pues Barcelona, que antes había sido considerada un referente internacional, actúa cada vez más como tantas otras ciudades, “primando las promociones arquitectónicas de marca, espectaculares, icónicas”. Aunque es cierto que la imposición del mundo del espectáculo y de las marcas, con la consiguiente espectacularización de la arquitectura, no es un fenómeno que haya aparecido de la noche a la mañana, como se comprueba en la proliferación de edificios singulares desde hace bastante más de dos décadas.
En definitiva, uno no puede estar más de acuerdo con las conclusiones del autor: “urge, en definitiva, devolver sensatez a la arquitectura, en especial a la que se levanta con inversión pública”. Si bien hay que reconocer que la mayor parte de la arquitectura pública ha experimentado una mejora sustancial en calidad y en su integración urbana. Y que Barcelona ha sido, sigue siendo un excepcional laboratorio urbanístico en el que se pueden comprobar las ventajas y los límites de la experimentación arquitectónica, la potencia y los costes de los grandes eventos, o las tentativas de integración urbanística y paisajística frente a los procesos de banalización de nuestros paisajes urbanos y metropolitanos.

Bibliografía
AA.VV. Barcelona, Transformación, Planes y Proyectos. Ayuntamiento de Barcelona, 2008.
GOLD, J. R. y GOLD, M.M. (eds.). Olympic cities: city agendas, planning and the world’s games, 1896- 2012. Londres: Routledge, 2007, segunda edición en 2010.
MOIX, Ll. Hazañas de los arquitectos estrella en la España del Guggenheim. Arquitectura milagrosa. Barcelona: Anagrama, 2010.
MONCLÚS, J. El 'modelo Barcelona' ¿Una fórmula original? De la 'reconstrucción' a los proyectos urbanos estratégicos (1997-2004). Perspectivas Urbanas / Urban Perspectives, octubre 2003, vol 18, nº 4 <http://www.ub.edu/geocrit/b3w-895/www.etsav.upc.es/urbpersp>. Versión inglesa: MONCLÚS, .J. The Barcelona Model: an original formula? From "Reconstruction" to Strategic Urban Projects (1979-2004).Planning Perspectives, 18, 4, 2003.

Referencias adicionales:

GORDILLO, A., “Qual o plano de Cidade na Copa 2014?”, Bahia Na Rede (27.04.2011)
http://blogbahianarede.wordpress.com/2011/04/27/qual-o-plano-de-cidade-nos-projetos-da-copa-2014/
SCHELOTTO, S. , “La ciudad de Montevideo: ¿una metrópoli policéntrica?”, Centro-h, Revista de la Organización Latinoamericana y del Caribe de Centros Históricos, No. 2, diciembre 2008
MONCLÚS, F.J., GUARDIA, M. (eds.), Culture, Urbanisme and Planning, Ashgate, Londres, 2006

Javier Monclús

 

domingo, 9 de octubre de 2011

Beulas y Moneo en el CDAN

Ayer, en el Centro de Arte y Naturaleza-Fundación Beulas de Huesca, la presencia de su amigo Rafael Moneo era el regalo que había preparado Teresa Luesma, Directora del CDAN, para el escultor José Beulas, en su 90º cumpleaños.


Fue un encuentro que no defraudó a los que asistimos a la Jornada, ya que son contadas las ocasiones en las que tenemos el privilegio de estar en un buen edificio, escuchando las explicaciones sobre el diseño del mismo al arquitecto-autor (Moneo), y con la participación del promotor (José Beulas) que estaba sentado en la primera fila. Las improvisadas y reiteradas intervenciones de Beulas en el discurso de Moneo para puntualizar aspectos sobre la eficacia de la iluminación natural de la sala principal, o los criterios para el emplazamiento de la futura ampliación del complejo, dieron como resultado una entretenida dialéctica entre arquitecto y cliente-artista que puso de manifiesto, al margen de sus diferentes apreciaciones puntuales, la amistad madura e inquebrantable entre ellos.



Trazas de la siega en Benabarre (Huesca). Fot.: P. de la Cal


La sesión había comenzado con la lectura de una conferencia inédita de Beulas, escrita hace 32 años, pero que mantiene plena vigencia e interés. La ponencia busca las claves de esa “brecha de incomprensión entre el público y los pintores” que se produjo con el inicio de pintura al aire libre y el abandono de los antiguos procedimientos de taller a mediados del siglo XIX, y realiza una síntesis magistral del proceso evolutivo que discurre desde el impresionismo, hasta el cubismo y la abstracción. Expone que, por encima de las distintas teorías, lo que tiene validez es la sensibilidad mostrada por los artistas en esa aproximación en la que “siendo figurativo, hay que pensar en abstracto”, y planteaba, ya en 1979, que no existe riesgo de estancamiento en el arte, ya que, en palabras de Beulas, “la naturaleza está ahí, y siempre habrá alguien con una óptica distinta para interpretarla”.


El "Puro" y la pared del mallo "Pisón", en Riglos (Huesca). Fot.: P. de la Cal



Como una secuencia lógica con el contenido de esta ponencia, Rafael Moneo explicó en su conferencia la influencia que han tenido tres pintores, y su obra, en tres de sus edificios. En la Fundación Miró de Mallorca, la pintura de Joan Miró le inclina por una apuesta de geometrías quebradas, que esquivan la perspectiva hacia una “deliberada destrucción de la visión unitaria del espacio”. En el Palacio de Congresos y Auditorio Kursaal de San Sebastián, el planteamiento estratégico de la solución volumétrica es plena deudora de la estética oteiziana. Dos sólidos activados por una geografía, como en la condición flotante de las composiciones de Jorge Oteiza, que se alejan con brillantez de ese tejido denso-construido-estático de las manzanas residenciales que hacen de fondo y realzan las dos figuras adelantadas. Por último, en el CDAN, Moneo encuentra la inspiración en esos paisajes pintados por José Beulas, esas “geografías geometrizadas por la reja del arado”, esos “dibujos de la tierra realizados por el labrador”, que encuentran además su reflejo en las onduladas paredes verticales de las peñas de las sierras oscenses, como Riglos o el Salto de Roldán.



Moneo profundiza en el esfuerzo que hace el arquitecto para mantener la fuerza y la expresividad de ese imaginario abstracto, desencadenante del proceso inicial de inspiración y génesis del proyecto, a lo largo del proceso proyectual y constructivo del edificio. Un proceso en el que lógicamente, superada esta fase inicial, se incorporan otras cuestiones funcionales, táctiles o constructivas que necesariamente son ya ajenas a la propia influencia directa de la abstracción pictórica.



Mallos de Riglos (Huesca). Fot.: P. de la Cal



Logris VI, 2011. Díbujo a lápiz. Lluís Hortalá




Al tiempo que disfrutábamos de la precisa oratoria de Moneo, en los lienzos laterales de la sala podíamos contemplar unas series de gran formato, de montañas, paredes y agujas, escaladas entonces y ahora dibujadas por Lluís Hortalá, que tan bien acompañaron el discurso de Moneo sobre la influencia de esta naturaleza pétrea en los muros de la Fundación, en esa dialéctica de oposición de lo cóncavo y lo convexo, en esa búsqueda de la fluidez en espacios no perspectivos…





Lienzos curvos exteriores del CDAN-Fundación Beulas (Huesca). Fot.: P. de la Cal



Pero por encima de todo, nos quedó la sensación de una sesión realmente estimulante, por la intensa relación entre dos grandes amigos, que en su plenitud mantienen intacto su interés ante nuevos proyectos, y que tienen en la naturaleza una fuente constante de inspiración. Una actitud que llena de optimismo nuestro trabajo, la intervención en el paisaje y en la ciudad, que debe ser capaz de encontrar en la naturaleza, e interpretar, esas “claves abstractas”, como tan magistralmente han acreditado nuestros dos protagonistas: los maestros, de profesión y de humildad, Beulas y Moneo.


Pablo de la Cal

miércoles, 20 de julio de 2011

Reflexiones sobre paradigmas urbanísticos, el Anillo Verde de Zaragoza y las Guías de integración urbanística y paisajística

Javier Monclús

Con el título Proyectos integrados de arquitectura, paisaje y urbanismo, a finales del pasado mes de junio se desarrolló un Curso de verano en Jaca, organizado por la Escuela de Ingeniería y Arquitectura de la Universidad de Zaragoza. El curso reunió a 12 ponentes, 8 de la Universidad de Zaragoza y 4 externos a ella. Entre las diversas cuestiones abordadas en el curso, se incluye una del abajo firmante, sobre “Paradigmas urbanísticos y proyectos integrados. Entre el urbanismo arquitectónico y el ecourbanismo paisajístico”. Como el tema puede ser de interés para algunos estudiantes, profesionales o para ciudadanos en general, nos ha parecido interesante reproducir unos breves párrafos que se refieren a un aspecto concreto: el Anillo Verde de Zaragoza y las Guías de integración urbanística y paisajística para el Este de Zaragoza. Lógicamente, el contexto de la reflexión se encuentra en el libro que ahora se prepara con la totalidad de las aportaciones realizadas. Pero la nota en el Blog puede servir de pretexto para avanzar y ampliar la discusión en ámbitos académicos y ciudadanos. Y, sobre todo, para dar a conocer un documento que puede descargarse libremente en el servidor de la Universidad.

Paradigmas urbanísticos y proyectos integrados. Entre el urbanismo arquitectónico y el ecourbanismo paisajístico (extracto último apartado)

“…En esa secuencia de líneas de actuación podemos inscribir la propuesta del Anillo Verde. Un anillo que ya se había planteado a mediados del siglo XX (en los planes urbanísticos de postguerra (Anteproyecto de Ordenación General 1948 y Plan 1957), como “cinturón verde”, pero que entonces era concebido como límite al crecimiento urbano y no tanto como elemento vertebrador del sistema de espacios libres en toda la ciudad, auténtica “estructura verde”, comparable a la que se desarrolla en muchas otras ciudades europeas. En Zaragoza, la concepción del Anillo Verde se concreta en un trazado de unos 30 km de longitud, mediante la conexión de los tramos urbanos del Ebro con los del Canal Imperial de Aragón a través de la reconversión de una antigua línea ferroviaria en un sistema lineal de espacios públicos (o “corredor verde”, con denominación un tanto excesiva). Un proyecto que podría ser bastante más ambicioso si se consiguiera su “cierre” por el Este, ahora todavía en forma de conexión verde limitada.
Cinturón verde (1948-1957)

Anillo Verde de Zaragoza (2008)
Guías de integración urbanística y paisajística: planos resumen
Guías de integración urbanística y paisajística: Parque del Este
Podemos aludir aquí a los estudios previos para la intervención en la Orla Este de Zaragoza. Se trata todavía de propuestas no aprobadas y en fase de debate, pero que resultan indicativas de las orientaciones que interesan ahora en un urbanismo posible y deseable. En primer lugar, porque surgen de diversas entidades y con lógicas diferentes, aunque convergentes: Colegio de Arquitectos, Consorcio Expo, Universidad. Se trata de las Guías de integración urbanística y paisajística para el Este de Zaragoza, concebidas con la intención de ampliar esas estrategias, “cerrar el Anillo Verde” en el Este y “abrir los barrios al medio agrícola y natural”. Las Guías se plantean con unas concepciones bastante diferentes a las tradicionales en lo que se refiere a los parques de borde o transición periurbana (entre el espacio urbano y el agrícola o natural). Aunque la renovación conceptual no es suficiente y resulta necesaria la elaboración de otros documentos técnicos que desarrollen las Guías y que permitan gestionar y resolver la compleja problemática propia de los ámbitos periurbanos (plan especial, proyectos de urbanización…). Como también es imprescindible una auténtica participación ciudadana, así como una decidida voluntad política para abordar los problemas de probable deterioro social y ambiental o del proceso de abandono de los espacios de “huerta”, y también para aprovechar las oportunidades que ofrecen esas situaciones de transición y de proliferación de vacíos urbanos para regenerar esa parte de la ciudad.

Tanto en Barcelona como en Zaragoza (y aunque, de distintas formas, en otras muchas ciudades) es posible comprobar cómo la reconsideración de los “nuevos espacios verdes” y su potencial papel vertebrador del crecimiento urbano constituye hoy en día un aspecto central de las nuevas formas de intervención urbanística, si bien se aprecia la necesidad de renovación de los instrumentos tradicionales del planeamiento urbanístico. En cualquier caso, la progresiva imposición de instrumentos más ágiles se manifiesta en la proliferación de todos esos nuevos documentos que inciden en los procesos urbanos: planes verdes, planes directores de espacios libres, directrices, anillos verdes, guías paisajísticas, planes especiales, etc. Y no es casual que todos ellos se inscriban en el renovado paradigma urbanístico y ambiental”.

J. Monclús (dir.), P. de la Cal, C. Avila, M.A. Jimenez, C.Martí y colabs.,
Guías de integración urbanística y paisajística. Orla Este de Zaragoza Universidad de Zaragoza- Ayuntamiento de Zaragoza., 2011; Los documentos pueden descargarse en las siguientes direcciones (copyleft: sin derechos pero citando procedencia):

http://eina.unizar.es/docs/urbanismo/pdf/separata_1_sintesis_del_proyecto.pdf http://eina.unizar.es/docs/urbanismo/pdf/separata_2_parque_del_este.pdf
http://eina.unizar.es/docs/urbanismo/pdf/anexos.pdf
http://eina.unizar.es/docs/urbanismo/pdf/plano_propuesta_guias_din_a1.pdf
http://eina.unizar.es/docs/urbanismo/pdf/guias_de_integracion_urbanistica_y_paisajistica_orla_este_de_zaragoza.pdf

domingo, 15 de mayo de 2011

El sentido de la ciudad

Hasta el día 5 de junio todavía puede verse una interesante exposición en la Lonja y en el Museo Camón Aznar de Zaragoza. Con el título "Zaragoza. Visión emocional de una ciudad", los comisarios Ricardo Marco y Carlos Buil han reunido las "respuestas" de 216 artistas, videocreadores, escultores, fotógrafos, escritores y arquitectos. Recogemos el artículo introductorio del catálogo, cuyo autor es el profesor Ricardo Lampreave, junto a algunas respuestas (*) de arquitectos y profesores de nuestra Escuela.

El sentido de la ciudad (Ricardo Lampreave)

En su "5º y 6º Principio de cartografía y de calcomanía", Deleuze y Guattari explicaban que si el mapa se opone al calco ‒los términos nos sirven tal como los propusieron‒ es porque está enteramente dirigido hacia una experimentación derivada de la realidad. El mapa no reproduce un inconsciente cerrado sobre sí mismo, lo construye. Un mapa es abierto, es conectable en todas sus dimensiones, desmontable, reversible, susceptible de recibir constantemente modificaciones. Por tanto, puede ser roto, invertido, adaptarse a montañas de cualquier naturaleza, ser comenzada su realización por un individuo, grupo, formación social, como es nuestro caso. Se puede dibujar, decían, sobre un muro, concebirlo como una obra de arte, construirlo como una acción política o como una meditación. Un mapa tiene entradas múltiples, contrariamente al calco que vuelve siempre a "lo mismo". Un mapa es cuestión de ejecución, mientras que el calco remite siempre a una presunta competencia.

De hecho ha sido siempre así, no se inventaron nada. Recordemos, por no ir más lejos, que para felicitar a Walter Gropius el 18 de mayo por su cuadragésimo primer cumpleaños, Moholy-Nagy organizó en 1924 una carpeta con obras de seis profesores de la Bauhaus: Klee, Kandinsky, Feininger, Schlemmer, Muche y él mismo. Se inspiraron en una fotografía que eligió Laszlo aparecida en el suplemento Zeitbilder, del periódico Vossische Zeitung. Se veía en primer término un altavoz encaramado sobre el alfeizar de una ventana dirigido a una multitud concentrada abajo, en la calle, radiando por primera vez los resultados de las elecciones. Debiendo elaborar un mapa ‒no hace falta señalar lo reconocible que resulta el de Kandinsky, por ejemplo‒, rememorarlos sirve para confirmar la inevitabilidad del autorretrato en interpretaciones liberadas de cualquier exigencia funcional.

O recordemos la referencia que estimo más exacta y sugerente ‒pues se remite a arquitectos enfrentados a una ciudad‒, la exposición Roma interrotta promovida en 1978 por el historiador de arte Giulio Carlo Argan, entonces alcalde de la ciudad, ofreciendo en los Mercados Trajanos una reflexión sobre dos planos aparentemente contradictorios: la Pianta Grande di Roma de Giambattista Nolli ‒una celebradísima planta de la ciudad de Roma definiendo con precisión sus 14 rioni, un relevante documento histórico‒, debidamente repartida, como soporte para que los arquitectos elegidos propusieran sus particulares interpretaciones de la ciudad proyectando áreas aún sin edificar en 1748.
 Aldo Rossi. Roma interrota 1978
Robert Venturi. Roma interrota 1978
Dos de los cualificados participantes, Venturi y Rossi, una docena de años después de haber publicado sus libros, terminaban por coincidir adelantándonos la imposibilidad de recurrir a sistemas cerrados donde poder encontrar soluciones, reconociendo ambos la pluralidad y la fragmentación de las experiencias que vivimos, forzados a trabajar con una multiplicidad de elementos heterogéneos, con frecuencia abiertamente contradictorios, que es necesario interpretar e integrar mediante el proyecto. Una unidad que sólo puede lograrse a través del arduo camino de la inclusión de lo diverso y nunca mediante el de su exclusión simplificadora. La integración de esos elementos de procedencia diversa, que no son sino fragmentos desprendidos de otras unidades cuyo orden debe en gran medida ser olvidado, sólo puede ser llevada a cabo siguiendo el principio del montaje. El reto que se presenta al arquitecto contemporáneo es entonces cómo montar esos fragmentos para lograr que el conjunto funcione, para que tenga un sentido; qué estrategias establecer para conseguir unidad en lo múltiple, empeñados en dar más sentido a la ciudad sin caer en soluciones fáciles, pero sin rehuir tampoco el notable margen de arbitrariedad que caracteriza la arquitectura actual.

Lo único que no está en ellos, en Venturi y Rossi, el único resquicio que tiene hoy su diagnóstico, es lo que entonces no existía. Y también algunas de nuestras propuestas así lo evidencian. Ésta es la valía de estas iniciativas.

(* A continuación se reproducen las "respuestas" de cuatro profesores de la Escuela)

Aurelio Vallespín. La trama estriada de la ciudad se funde con la trama lisa de la vida
Javier Monclús. Zaragoza as an Egg

Carlos Labarta. 32º y unas miradas

Pablo de La Cal. Desmemoria






domingo, 1 de mayo de 2011

Proyectos urbanos con responsabilidad estructural. Conferencia de Eduardo Leira

El pasado 28 de abril tuvimos la suerte de contar con Eduardo Leira como conferenciante invitado en nuestra Escuela. El título de su charla “Proyectos urbanos con responsabilidad estructural” responde a una larga trayectoria con numerosos trabajos urbanísticos y grandes proyectos urbanos desarrollados en diversas ciudades españolas y extranjeras.




Eduardo no necesita ser presentado a los profesores pues su trayectoria es suficientemente conocida en España y en Zaragoza, entre otras cosas porque ha trabajado en el proyecto de urbanización del entorno de la estación de Delicias. Aunque, probablemente, no viene mal presentarlo a los alumnos, por lo que reproducimos aquí el breve curriculo de la página web de su estudio.

Eduardo LEIRA (Madrid, 1944) es arquitecto urbanista (Barcelona, 1968) y Master in City and Regional Planning por la Universidad de California at Berkeley (1973). Es un profesional de gran prestigio en España, habiendo dirigido el Plan General de Madrid de 1985. Ha sido protagonista del importante cambio y desarrollo urbanístico en la España democrática, desde 1975. Esto le ha permitido desarrollar una fructífera tarea con relación al sector público y, a la vez, conducir y desarrollar gestiones inmobiliarias privadas de gran entidad, tanto en España como en otros países. Precisamente, el campo de vinculación entre los planes urbanísticos públicos e inversiones y desarrollos privados proyectuales constituye el objeto de mayor dedicación de i3. Con el largo periodo de maduración de este tipo de grandes Proyectos, muchos son -de los que aquí se aluden- los que aún están in progress.

Eduardo LEIRA ha desarrollado siempre su actividad profesional al frente de equipos complejos, de arquitectos o multidisciplinares, para la elaboración de planes o grandes proyectos de arquitectura. A su capacidad de concepción y de ideación se suma pues su experiencia en organización y coordinación, cuya máxima expresión fue la Oficina Municipal del Plan de Madrid, durante los años 1981-84, con más de 50 personas fijas y más de 400 colaboradores, manejando un presupuesto de algo más de 20 millones de euros.

Además de las tareas profesionales, en i3, Eduardo Leira desarrolla una intensa labor pedagógico-divulgativa dando conferencias y participando en mesas redondas, seminarios, etc. En distintas Universidades e instituciones en el mundo (Boston, Washington, S. Paolo, Río de Janeiro, París, Rotterdam, Venecia, Bolonia, Milán, ...) y lógicamente, en casi todas las ciudades de España.

Al comienzo de su charla recordamos su participación en el Curso de Postgrado sobre “Teorías y formas de intervención urbanística”, organizado en el año 2000 por la Universidad Politécnica de Cataluña y el Colegio de Arquitectos de Aragón. Eduardo comenzó haciendo referencia a su “Decálogo” de i3, formulado inicialmente en esa conferencia de Zaragoza y que –como él mismo comentó y se recoge en la web del estudio- ha servido de base, para la presentación comparada de Proyectos de i3 en conferencias posteriores.

Dado su interés metodológico y didáctico, reproducimos aquí los 10 apartados del Decálogo, acompañado por las referencias tipológicas (“recurrencias”) a los proyectos presentados:

    Decálogo:

1. Procesos de profunda transformación interior

2. Oportunidades latentes

3. Nuevas centralidades en las primeras periferias

4. Fragmentos de ciudad

5. Potentes elementos de estructuración metropolitana

6. Procesos de completa reurbanización
.
7. Imaginación programática
.
8. Cambio total de la imagen del área

9. Previa prefiguración proyectual

10. Inventar el encargo

    Recurrencias:







Y una referencia final a su proyecto de urbanización del entorno de la Estación intermodal de Delicias en Zaragoza:

sábado, 23 de abril de 2011

Una aproximación a Barcelona: Excentricidad y Desequilibrio. Formas urbanas (1859-1936) y Desarrollo metropolitano (1936-1992)

Miguel Guerra Mirón
Reseña nº1 - Urbanismo I.

A través del estudio de la ciudad de Barcelona, mirando con especial interés la cronología y los temas propuestos, se me antoja oportuno lanzar una pequeña tesis y describir la ciudad con dos sustantivos: excentricidad y desequilibrio, y preguntarme ¿cómo afronta estos dos asuntos que la caracterizan la ciudad de Barcelona? Para conducirme a través de la argumentación utilizaré como muletas los temas tratados en varios capítulos del Atlas, y nos plantearemos una serie de preguntas: ¿Con que lógica se entienden las formas urbanas que conforman la trama de la ciudad? ¿Qué pasa con los bordes, las zonas en conflicto? ¿Cómo entendemos los (sub)urbios? ¿Cómo y por qué se produce la ocupación de las distintas periferias?

En las postrimerías del XIX y principios del XX la ciudad de Barcelona se revela como una especie de yuxtaposición o acumulación de tramas urbanas ortogonales y formas irregulares, y teniendo en cuenta las diferentes morfologías y comprendiendo su lógica podremos empezar a hablar de polaridades que después se irán acentuando a la hora de hablar de metrópolis y suburbios. Para comprender podemos intentar establecer un mapa mental de los diferentes elementos que tenemos en juego, y aparecen y determinan la partida con mayor o menor rotundidad.










Volvemos la mirada primero a las formas irregulares del centro histórico de Barcelona (comprendiendo lo que la ciudad era de hecho a mediados del XIX, la trama interior del recinto amurallado y el barrio de la Barceloneta), podemos hablar de palimpsesto, porque vemos múltiples líneas de escritura superpuesta que van determinando la configuración de la trama urbana y se aclaran en ciertos puntos con intervenciones de organización más modernas (Plaza Real, Vía Layetana). En la actualidad este centro cuenta con una población de alrededor de las 100.000 personas, pero llegó a tener entre 1930 y 1960 las 240.000, condensadas en tan solo 400 Has. Observamos la gran complejidad morfológica que caracteriza este centro y la riqueza de las situaciones y encuentros que se producen. Podemos por ejemplo salir de la angosta Boquería a la amplitud de la Rambla.








Ahora miremos el Ensanche, que se expande sobre la parte central del llano barcelonés (liberada entonces de sus servidumbres militares), iniciado y consolidado durante la segunda mitad del XIX y al que más tarde se van incorporando (según el plan) diversos municipios que se agregan a principios de siglo a la ciudad. El plan se establece como una gran retícula perfecta y otorga gran importancia (recogiendo ideas muy frescas para su tiempo y lugar) a la vialidad, higiene y soleamiento. Se establecen una serie de leyes y premisas (medidas de manzanas, infraestructuras, etc.) que se llevan a cabo en inicio en el denominado Quadrat d´Or para descuidarse posteriormente en las partes más periféricas del ensanche. Podemos mirar de soslayo a ciertas ciudades norteamericanas, evidentemente estudiadas por Cerdá, que basan su expansión precisamente en un modelo de retícula ortogonal.


Tanto el centro histórico como el Ensanche destacan rápidamente al observar Barcelona tanto a vista de pájaro como paseando por sus calles, por ser las zonas con mayor contundencia de trazado y por la calidad de algunas de las arquitecturas construidas. Y aquí podemos establecer una primera comparación o punto crítico, y es el carácter más “alegre” o “divertido” del centro histórico frente a lo “aburrido” del Ensanche, del que sin embargo debemos apreciar y elogiar la visión a largo plazo. Tenemos este ensanche “con plan” frente a otros nuevos ensanches de Barcelona con un carácter más improvisado. Aquí hemos visto algunos de los primeros desequilibrios de los que hemos hablado.


Ahora miremos las tramas residenciales de vivienda popular que van apareciendo en núcleos suburbanos del llano barcelonés y zonas cercanas, e incluso otras más alejadas de la ciudad central como Sabadell, Terrassa o Mataró, que experimentaron también un crecimiento importante al mismo tiempo. Un dato importante es que estas zonas absorbieron entre 1856 y 1953 más del 50% del crecimiento demográfico del conjunto de la región del Barcelona (migración campo-ciudad en la segunda mitad del XIX y de Aragón o Valencia en la primera mitad del XX). Por tanto son quizá las formas que veremos que mejor nos pueden explicar el crecimiento de la Barcelona metropolitana al menos hasta la mitad del siglo XX. Lo que se produce más tarde en estas zonas son sucesivas densificaciones, compactación de las formas, y, en algunos casos, intentos de organización.

También surgen a mediados del siglo XX los polígonos residenciales que van a absorber otra oleada de migraciones procedente sobre todo del sur de España. Muchos de estos polígonos fueron de promoción pública y se asientan en estructuras urbanas ya presentes como sucede por ejemplo en el sector de Saint Martí, donde se apoyan en el trazado mismo del Ensanche.

Y con estas últimas formas ya enlazamos con el desarrollo metropolitano de la ciudad, intentando reflexionar sobre las lógicas y formas de crecimiento que la ciudad central induce en su entorno periférico. En torno a esto, se ve de forma muy esclarecedora en la movilidad diaria por trabajo, la primera influencia del núcleo central sobre los crecimientos más periféricos de la ciudad.

Parece que en los últimos tiempos, los urbanistas, historiadores y otros expertos se han ocupado con particular devoción al Ensanche de Cerdá, dejando un tanto de lado otros procesos por lo menos igual de importantes como los procesos de suburbanización y la formación de la Región Metropolitana de Barcelona, un nuevo modelo territorial. Veremos que es necesario entender los procesos socioeconómicos (demografía, migraciones, industrialización de sucesivas periferias...) para comprender el cómo y el por qué de los sucesivos crecimientos. Hemos de preguntarnos acerca del tipo de crecimiento que se da hacia la periferia y acerca de los (afortunados o desafortunados) intentos de control del mismo.

Intentaremos mirar a los crecimientos periféricos de Barcelona desde diversos ámbitos que complementen su aproximación, como el diferente carácter de los municipios (burgués o proletario/industrial, por ejemplo Sarriá, que se consolida como zona de residencia burguesa y Sants con carácter más industrial), el importante papel de las líneas de los nuevos transportes colectivos, su papel definitivo a la hora de consolidar los suburbios y los diversos booms edificatorios en Barcelona (entre 1920 y 1930 y sobre todo a partir de 1950).

En cuanto a los factores sociales, el periodo más decisivo es el periodo de 1950 a 1970, que nos presenta un importante descenso de la mortalidad en la población, que ya se venía intuyendo desde 1920, y un aumento de la natalidad. Además debemos tener en cuenta la gran importancia de la migración que rejuvenece asimismo la población. En cuanto a la lógica del crecimiento que se produce, el municipio de Barcelona se estanca hacia 1960 y vemos como se acentúa el crecimiento hacia la primera corona metropolitana. Después de 1975 se produce un notable estancamiento y se estabiliza la población de la primera corona. Entonces van a adquirir nuevamente importancia los procesos migratorios que van a otorgar un mayor crecimiento relativo en el ámbito de la segunda corona metropolitana.

Hablamos ahora de polo industrial en la Región Metropolitana de Barcelona (y cuando hablamos de polo necesariamente estamos hablando de excentricidad y desequilibrio). La RMB y sus sucesivas coronas surgen y se consolidad como venimos exponiendo, por diversos factores de reconversión industrial, un desmesurado boom edificatorio... y todo esto tiene unos efectos en el viejo centro de Barcelona. Vemos que se desahoga mandando la industria hacia afuera y se reconvierte más bien hacia el sector terciario. Aquí podemos observar la frecuencia de un gran foco emisor (de activos hacia las periferias) que es el centro de la ciudad y como otras zonas contiguas a este centro y con una larga tradición de industria se convierten a su vez en focos y siguen la estela del centro (podemos seguir observando la excentricidad).

En los años posteriores a 1975 se produce una clara caída de la actividad industrial, hecho que conlleva numerosos reajustes tanto a nivel de planificación espacial como económica. En estos años crece la actividad terciaria compensando el declive de la industria y vuelve a ganar cierto vuelo el centro de la ciudad. Hacia mediados de los 80 se recupera la salud de la actividad industrial y se renuevan los ánimos de las periferias. Esto contribuye a incrementar los ya existentes desequilibrios tanto sociales como territoriales, con un centro absolutamente terciario (que no deja de ser centro, pero...) y una huída de la industria de forma cada vez más excéntrica y deslocalizada en el contexto de la Región Metropolitana. Tenemos una Barcelona desequilibrada y enormemente segmentada.

En Barcelona es de gran importancia sin duda el papel de la planificación urbana del Ensanche, pero en cuanto a la comprensión de los suburbios y periferias esto nos toca de refilón, adaptándose y escuchando sus leyes únicamente las zonas mas colindantes. Para entender esta Barcelona de la que estamos hablando podemos imaginarla como un modelo orgánico, un núcleo central, y otros pequeños núcleos en su periferia, el núcleo central lanza líneas para llegar a estos y los reactiva y reaviva con su propia energía (pero hay que pensar si es un camino de ida y vuelta o si esa energía quizás no vuelve). Cuando estos sucesivos núcleos se van colmatando aparecen otros nuevos, cada vez más excéntricos, y se lanzan nuevas líneas que los reavivan y energizan.


Entendamos que Barcelona necesitaba este desahogo, la existencia de nuevos centros, que absorbieran lo que ya no admitía el centro demasiado densificado y angustiado. Además estas nuevas zonas periféricas han acogido también gran parte de la emigración que ha llegado a la ciudad. Pero quizás Barcelona se ha desgastado otorgando su energía a estas nuevas periferias, haciendo el esfuerzo de “escupir” lo que le sobraba hacia afuera ha reforzado mucho estas zonas (que son hoy en día los lugares predilectos para vivir de muchos habitantes de Barcelona) e intenta en muchos casos una llamada para volver a reactivarse.

Referencias:
VVAA. Atlas histórico de ciudades europeas. Vol I, Península Ibérica. Barcelona. Salvat. 1994
Capel, Horacio. Barcelona-Montreal: desarrollo urbano comparado. Barcelona. Publicacions de la Universitat de Barcelona, 1998
Notas de clase

viernes, 8 de abril de 2011

La Gran Vía de Zaragoza y otras grandes vías

El pasado jueves 7 de abril el Alcalde de Zaragoza y el Rector de la universidad inauguraron la exposición "La Gran Vía de Zaragoza y otras grandes vías". Comisariada por profesores de Arquitectura, se podrá visitar en el Paraninfo de la Universidad (Plaza Paraíso 4) hasta el 5 de junio. La exposición cuenta con el siguiente programa de conferencias:

14 de abril, 19:30h: "Las grandes vías, el futuro del pasado". José María Ezquiaga y Javier Monclús.

5 de mayo, 19:30h: "La gran vía de Zaragoza, escenario de progreso". Iñaki Alday, Ricardo S. Lampreave, Iñaki Bergera.


Con motivo de dicha exposición se ha publicado un catálogo con el mismo título (distribuido por Prensas Universitarias de Zaragoza). Reproducimos a continuación el artículo introductorio del catálogo.

"La Gran Vía de Zaragoza y otras grandes vías"

¿Cuál es el interés de reinterpretar ahora la naturaleza y las características arquitectónico-urbanísticas de la Gran Vía de Zaragoza? ¿Y qué sentido tienen las comparaciones con otras ciudades españolas? Como ocurre con frecuencia en la cultura arquitectónica y urbanística, el esfuerzo que conlleva la preparación de una exposición como la que constituye la base de este catálogo se corresponde con ocasiones e intereses diversos.

La ocasión parece clara y resulta de aprovechar el centenario de la Gran Vía madrileña en 2010 para promover una reflexión en torno a la naturaleza de unas operaciones urbanísticas en las que se plantean ciertas analogías en algunas ciudades españolas. Se trata, por tanto, de un pretexto para repensar lo que tiene de común y de específico las “grandes vías” de esas ciudades. También el papel que las mismas han jugado en las respectivas configuraciones urbanas durante el siglo XX, así como el que pueden desempeñar en la actualidad.

La versión zaragozana de la exposición pretende explicar “nuestra Gran Vía” como un espacio singular que responde a las aspiraciones de modernización y de contar con una “calle de prestigio” a principios del siglo XX. Como ocurre con los ensanches de las ciudades españolas, la Gran Vía zaragozana se inscribe en un movimiento que tiene sus inicios en la segunda mitad del siglo XIX, con las opciones urbanísticas que cada ciudad adopta como respuesta a las condiciones de la era de la industrialización, responsables de la obsolescencia de la ciudad tradicional. En el caso de Zaragoza, la dicotomía entre Reforma o Ensanche -las dos opciones barajadas en casi todas las ciudades- se resuelve mediante operaciones parciales correspondientes a ambas estrategias urbanísticas. A pesar de la ausencia de un proyecto de Ensanche aprobado hasta bien entrado el siglo XX, las alternativas que se debaten se centran en la conveniencia de la prolongación de su espacio más singular, el Paseo de la Independencia (antes Salón de Santa Engracia). La prolongación hacia el sur se plantea como opción más clara para la vertebración del Ensanche proyectado en 1906. Pero las tentativas de prolongación hacia el norte, es decir, abordando la Reforma interior del centro histórico, seguirán estando presentes durante toda la primera mitad del siglo XX, aunque finalmente –y afortunadamente para muchos- serían abandonadas.

¿Hasta qué punto, entonces, puede entenderse la Gran Vía zaragozana como una expresión local del movimiento que llevó a la reforma urbana de los centros históricos o, al mismo tiempo, a la formulación de ensanches vertebrados por modernas avenidas y bulevares? La verdad es que debemos reconocer la ambigüedad y el equívoco que produce el mismo concepto de Gran Vía, por lo que se requiere de alguna precisión. Según las definiciones más estrictas y canónicas, como la de Fernando Terán en este mismo catálogo, el concepto de Gran Vía va asociado al equilibrio entre tres aspectos diferentes: el funcional-circulatorio, el económico-social y el ambiental-arquitectónico.

Lógicamente, esa concepción resulta especialmente adecuada a las “vías de reforma”, y no tanto a las que se conciben como ejes vertebradores de un ensanche, caso de Bilbao y de Zaragoza. Podría pensarse que el primer aspecto, el funcional-circulatorio, es bastante claro y compartido en todos los casos pues todas ellas son ejes de conexión estratégicos, sea de dos focos centrales o de uno central y otro más periférico.

El segundo aspecto resulta menos claro, pues las diferencias resultan significativas al considerar la dimensión económico-social de las vías. Así, mientras en Madrid y, sólo hasta cierto punto, en Barcelona, puede comprobarse la configuración progresiva de un centro terciario con edificios de oficinas (la City) comparable al de otras ciudades europeas, eso no ocurre con claridad en los otros casos analizados. Y no sólo porque aquí se amplía la noción de Gran Vía a las que no lo son “de reforma” incluyendo a las que vertebran sus respectivos ensanches, sino también porque los procesos de terciarización resultan más complejos y no ocurren en una única vía en las ciudades analizadas (ni siquiera en Barcelona). En cambio, es preciso considerar la otra dimensión o contenido económico-social, el de su carácter de “grandes calles burguesas”, con las nuevas viviendas para las emergentes clases medias.

Es aquí donde puede entenderse mejor el significado del tercer aspecto, el ambiental-arquitectónico. Las grandes vías son “calles de prestigio”, en todos los casos. En realidad, se trata de versiones actualizadas del dispositivo del bulevar, invención del siglo XIX que “contenía en sí mismo la solución de todos los problemas urbanos” (Anthony Vidler). En este sentido, se puede decir que las grandes vías constituyen la culminación última y monumental de la imagen barroca de la perspectiva, vista panorámica y orden. Otra cosa es que las distancias en cuanto a calidad arquitectónica y urbanística puedan considerarse sustanciales entre algunas.

Como sucede en otros campos del saber, las dificultades de cualquier análisis comparativo son inversamente proporcionales al número de casos estudiados. Si se hubiesen incluido otras ciudades europeas o americanas, se vería que esas versiones actualizadas de los bulevares decimonónicos se inscriben en un nuevo ciclo que está en la base de las grandes calles concebidas como artefactos modernos y, a la vez, como espacios prestigiosos y representativos en los que se reflejan las arquitecturas del momento. Basta pensar en las grandes avenidas de las ciudades norteamericanas proyectadas a principios del siglo XX (Michigan Avenue en Chicago, por ejemplo), o en las que se realizan ya a mediados del mismo siglo (Stalinallee, en Berlín).

Resulta interesante comprobar como se interpreta la imposición de ese tipo de realizaciones urbanísticas en las ciudades españolas por parte de expertos extranjeros. Así, el arquitecto y urbanista Oskar Jürgens, en su libro Ciudades españolas. Su desarrollo y configuración urbanística (MAP, Madrid, 1992 (1926), analiza con detalle la configuración de las calles y paseos, mostrando su preferencia por las nuevas avenidas que “denotan un espíritu más moderno”: “en casi todas las calles nuevas y siempre que su ancho lo permite, se dispone un paseo central además de las dos aceras laterales”. Modernidad urbanística que puede coexistir con una valoración distinta de la modernidad arquitectónica, priorizando la posibilidad de conseguir una arquitectura armónica y coherente, especialmente con la generalización de edificación uniforme de manzanas enteras”. Avenidas, bulevares y paseos se conciben en el urbanismo moderno como vías de prestigio buscando una “nueva monumentalidad”, pero también como soporte de nuevas tipologías residenciales, con secciones adecuadas para resolver las funciones circulatorias, con la inserción de comercios y equipamientos en las plantas bajas.

En su excepcional libro Grandes Calles, Allan Jacobs (Great Streets, MIT. Boston, 1993) realiza un catálogo de las calles que él considera las mejores entre algunas ciudades europeas y norteamericanas, describiendo las características y dimensiones que le dan calidad urbana: “las mejores calles son cómodas para caminar, divertidas y seguras, son calles para peatones y conductores a la vez. Están bien definidas con un sentido de envolvente con sus edificios, con claros comienzos y finales”. Si, además, se configuran mediante una arquitectura coherente y de calidad, concluiremos que la vigencia de las Grandes vías está lejos de agotarse.