“Un poeta è passato/ attraverso l’oceano balanante/ dell’atmosfera di pietra e d’accaio/ della città notturna”
[Un poeta ha pasado a través del océano relampagueante de la atmósfera de piedra y de acero de la ciudad nocturna] Cesare Pavese, Blues della grande città, 1929.
La evocadora atmósfera de "piedra y acero" que Cesare Pavese describió captura el alma dual de Turín: una ciudad de grandiosidad barroca y, a la vez, un epicentro industrial forjado en acero. De capital del barroco a epicentro industrial y ahora modelo de reconversión post-industrial, sus calles son un palimpsesto de historia y futuro. Siguiendo esta estela, nuestro viaje de estudios en enero de 2025 se pensó como una doble exploración: desentrañar la excepcional personalidad urbana y arquitectónica de la ciudad y, a la vez, tomar el pulso a sus planes y proyectos en marcha.
Lejos de una mirada nostálgica, la expedición combinó la exploración cultural con el análisis arquitectónico, buscando en su tejido urbano tanto las huellas de la historia como las señales de un futuro original para la ciudad. El jueves 16, para comprender los desafíos y las estrategias que la definen hoy contamos con una perspectiva privilegiada: una sesión inicial en el Torino Urban Lab con el concejal de Urbanismo de la ciudad, Paolo Mazzoleni, que nos abrió las puertas a los planes y proyectos que están, una vez más, redefiniendo el horizonte turinés. Esta primera toma de contacto permitió comprender los desafíos y estrategias que orientan la transformación contemporánea de la ciudad.
Tras el encuentro, iniciamos un paseo por el centro histórico, desde el epicentro de Turín: la Piazza Castello. Este punto de partida permitía reconocer las huellas de la antigua ciudad romana y, sobre todo, comprender el proceso de transformación y recentralización impulsado por la llegada de los Saboya, que convirtieron este lugar en el corazón de la capital barroca. Concebida a finales del siglo XVI como una plaza regular porticada frente al Palacio Ducal, su configuración actual es fruto de las intervenciones y sobreelevaciones proyectadas por Benedetto Alfieri en el siglo XVIII.
En la misma Piazza Castello se profundizó en algunos de los episodios arquitectónicos más representativos del barroco turinés. La Iglesia de San Lorenzo, obra de Guarino Guarini, ofreció una aproximación directa a la complejidad espacial y estructural característica del autor, visible en su célebre cúpula de arcos entrelazados. Frente a ella, el Palazzo Madama permitió apreciar la intervención de Filippo Juvarra, quien transformó la antigua fortaleza medieval en un palacio monumental, integrando las trazas históricas en un nuevo lenguaje escenográfico. En el mismo entorno, el Teatro Regio, reconstruido por Carlo Mollino tras el incendio de 1936, reveló el refinado diálogo entre tradición y modernidad que define buena parte de la arquitectura turinesa del siglo XX.
El paseo continuó por la Vía Po, eje fundamental de la estructura urbana barroca, donde fue posible comprender la naturaleza de la ciudad de los pórticos y los distintos mecanismos que han dado forma a esta tipología a lo largo del tiempo: desde los proyectos unitarios impulsados por la corte hasta la aplicación de ordenanzas que regulaban su continuidad espacial.
De otra naturaleza, aunque igualmente emblemática, se alza la Mole Antonelliana. Proyectada por Alessandro Antonelli en 1862 como sinagoga, la construcción fue completada posteriormente por el Ayuntamiento y alberga hoy el Museo Nacional del Cine. La ascensión mediante su ascensor panorámico ofreció una visión privilegiada del paisaje geográfico de Turín y de la relación entre la ciudad y su entorno alpino. La jornada concluyó con la visita a una obra clave del siglo XX, la Bottega d’Erasmo (1953-56) de Gabetti e Isola, ejemplo paradigmático de la sensibilidad artesanal y la experimentación formal que caracterizaron la arquitectura italiana de posguerra. De otra naturaleza, la imponente Mole Antonelliana. Proyectada por Alessandro Antonelli en 1862 como sinagoga, el edificio fue finalmente completado por el ayuntamiento y hoy alberga el Museo Nacional del Cine. El día también incluyó la visita a una obra fundamental del siglo XX, la Bottega d'Erasmo (1953-56) de Gabetti e Isola.
Desde la Piazza Vittorio Veneto, el paseo continuó hacia el Monte dei Cappuccini, un mirador desde el que fue posible comprender la estrecha relación entre la ciudad y el río Po. El descenso por el Puente Umberto I ofreció una lectura complementaria de los procesos de crecimiento urbano. La eliminación de la antigua muralla defensiva a mediados del siglo XIX propició la creación de un nuevo sistema de plazas de transición que articularon la conexión entre tejidos de distinta formación: el Giardino Cavour, el Giardino Aiola Balbo y el Giardino Valdo Fusi constituyen ejemplos representativos de esta transformación. Frente a este sistema de transición, Piazza Carlo Emanuele y Piazza Carlo Alberto constituyen el corazón del espacio público del crecimiento barroco de la ciudad.
La jornada concluyó con la visita al Palazzo Carignano, obra maestra de Guarino Guarini, donde el dinamismo de las superficies de ladrillo y la complejidad de su planta elíptica ejemplifican la experimentación formal del barroco turinés. Finalmente, el recorrido por la Vía Roma, reconstruida durante el periodo de entreguerras, permitió analizar uno de los grandes proyectos de reordenación urbana del siglo XX. Una intervención en dos fases testimonio de los planes de reordenación urbana de la época. Este proyecto fue un gran campo de batalla entre innovadores y tradicionalistas, y un banco de pruebas para la cultura técnica de la ciudad en su relación con el capital inmobiliario.
Tras reconocer el Turín barroco, la jornada del viernes 17 de enero se centró en una de las principales áreas de transformación contemporánea de la ciudad, ya señaladas el día anterior durante la sesión con el concejal de Urbanismo Paolo Mazzoleni. El día comenzó con la visita al estudio Isolarchitetti, donde se presentó el trabajo desarrollado junto a Rafael Moneo para la recualificación del Parque del Valentino y, en particular, del complejo de Torino Esposizioni. Este ámbito, que forma parte del sistema de residencias suburbanas de los Saboya, ha sido objeto de sucesivas transformaciones vinculadas a los grandes eventos celebrados en la ciudad. Desde los Juegos Olímpicos de Invierno de 2006, el icónico pabellón de Pier Luigi Nervi busca un nuevo uso, y el proyecto actual propone su reconversión en Biblioteca Central, mediante una intervención de gran sensibilidad y respeto hacia la estructura original. Los arquitectos Andrea Bandani (estudio isolarchitetti) y Antonio Torres (estudio Rafael Moneo) realizaron la presentación en el estudio y, a continuación, tuvimos la oportunidad excepcional de acceder a la obra en un momento especialmente revelador de su proceso de transformación.
https://www.isolarchitetti.com/index.php/padiglione-nervi-torinoLa tarde continuó con el recorrido por el Parque del Valentino, el Jardín Botánico —ámbito de trabajo de la asignatura de Proyectos Arquitectónicos — y el propio Castillo del Valentino, sede histórica de la Facultad de Arquitectura. Gracias a la hospitalidad de la profesora Michela Barosio pudimos conocer el Salone d’Onore del castillo y acceder a sus cubiertas, desde las que se aprecia la estructura paisajística del parque y su relación con el río. La jornada concluyó con la conferencia que ella impartió sobre la morfología de la ciudad y sus retos contemporáneos celebrada en el propio castillo.
El sábado 18 estuvo dedicado a uno de los grandes emblemas de la arquitectura moderna industrial: el Lingotto. Lugar crucial en la historia productiva de la ciudad, este edificio es un icono de la modernidad y una de las primeras fábricas italianas basadas en la organización científica del trabajo. Proyectado por el ingeniero Giacomo Matté Trucco para la Fiat, su estructura de hormigón armado, sus rampas helicoidales y su legendaria pista de pruebas en la azotea lo convirtieron en un referente. No en vano, Le Corbusier lo calificó como "uno de los espectáculos más impresionantes que la industria haya ofrecido". El recorrido por las áreas de transformación concluyó con una visita a la Villa Olímpica, un claro ejemplo de la herencia urbana legada por los Juegos Olímpicos de Invierno de 2006.
Continuamos nuestro recorrido decididos a explorar algunas de las piezas de la transformación industrial contemporánea. El foco principal fue la llamada "Spina Centrale", uno de los ejes vertebradores del Turín actual. Este bulevar de 12 km, resultado del progresivo soterramiento de las vías del tren, ha sido clave para reconectar dos partes de la ciudad históricamente separadas. Según el Plan General de 1995 de Vittorio Gregotti y Augusto Cagnardi, este eje no solo ha recosido la trama urbana, sino que se ha convertido en uno de los principales motores de desarrollo inmobiliario y social, articulando la recuperación de cuatro grandes áreas industriales abandonadas. En este contexto, se visitaron la nueva estación y el rascacielos de Torino Porta Susa, proyectados por Renzo Piano. También la Oficina de Grandes Reparaciones, testigo del pasado industrial de la ciudad; así como la ampliación del Campus Politécnico.
Las visitas oficiales acabaron en la tarde con la visita a otra de las residencias suburbanas de los Saboya, en este caso, el Castillo de Rivoli, hoy reconvertido en Museo de Arte Contemporáneo. La visita ofrecía una oportunidad única para aprender de primera mano lecciones sobre teoría y práctica de la restauración monumental en las que el país italiano ha sido pionero.
El viaje de estudios fue organizado por profesores de distintas áreas de la Universidad de Zaragoza: Sergio García-Pérez y Javier Monclús (Urbanismo y Ordenación del Territorio), Carmen Díez Medina (Composición Arquitectónica) y Jesús Leache, Miguel Alonso y Eduardo Delgado (Proyectos Arquitectónicos).