jueves, 10 de marzo de 2022

La Jota-Vadorrey-Gállego. Ideas para un barrio mejor

Durante el semestre de otoño del curso 2021-2022, en el marco del Máster en Arquitectura de la Universidad de Zaragoza, se ha afrontado una reflexión general sobre el conjunto de los barrios de La Jota, Vadorrey y la franja del Gállego, desde la avenida de Cataluña hasta su desembocadura.

Aunque se trata de trabajos académicos de la asignatura de Proyectos Urbanos y Paisajísticos Integrados, el taller realizado ha abordado la problemática y las oportunidades de este territorio urbano en toda su complejidad. Desde las necesarias actuaciones de regeneración urbana en las zonas consolidadas, hasta la revisión de los sectores urbanizables aun no desarrollados, hasta la revisión del papel que las huertas del Gállego y el parque fluvial pueden jugar como motor de recualificación urbana integral de este sector de la ciudad.

A partir de los diagnósticos realizados, con visitas al barrio acompañados de los vecinos, se han elaborado una serie de análisis sectoriales y por ámbitos concretos. De este modo, se han podido identificar los puntos débiles y las oportunidades de intervención mediante distintas estrategias: renovación urbana, reforma, recuperación, rehabilitación, reciclaje, mejoras en la habitabilidad, en los equipamientos, en los espacios públicos, en la circulación, etc. En definitiva, todos aquellos aspectos que, bajo un concepto amplio, podemos incluir en el ámbito de la regeneración urbana.

El trabajo de los alumnos se ha desarrollado con una organización de varios equipos trabajando en un mismo proyecto o plan de barrio. Todas las propuestas responden a la idea de un plan director que ha sido coordinado y realizado por uno de los equipos. El Plan General de Ordenación Urbana de Zaragoza (POUGZ) ha sido un documento de partida. Respetado en sus planteamientos básicos, pero las propuestas modifican algunos planteamientos, con aportaciones que pueden tener un carácter estratégico y determinante en el futuro de estos barrios y del conjunto de la ciudad.

El sector La Jota-Vadorrey tiene grandes oportunidades para mejorar. Las actuaciones propuestas se agrupan en cuatro grandes operaciones, según los ámbitos de intervención. El primer conjunto de actuaciones (Operación 1) trata de articular los distintos espacios interiores de La Jota y Vadorrey. La Operación 2 corresponde con los espacios de fachada hacia el Tercer Cinturón y el parque fluvial del Gállego. La Operación 3 integra actuaciones en la zona del sector noreste de la avenida de Cataluña. Y la Operación 4 abarca actuaciones en espacios más abiertos en la franja del corredor fluvial del Gállego (la nueva vía parque de conexión con el barrio cercano de Santa Isabel, el parque metropolitano del Gállego, o una propuesta para la construcción de estación de cercanías junto a este parque).


        En resumen, la regeneración de estos dos barrios es una asignatura pendiente de Zaragoza, y debe aprovecharse para ello la condición de los territorios aun no edificados de las franjas de contacto con los espacios abiertos (la huerta y el corredor fluvial del Gállego).

La presentación de los trabajos se realizará el 21 de abril de 2022, a las 19,00 h., en el Salón de Actos del Centro Cívico Distrito 14 de La Jota. Será una buena oportunidad para conocer las propuestas, que deben en cualquier caso ser contrastadas y estudiadas por los vecinos y por los responsables políticos. Una buena ocasión para hablar sobre el presente y el futuro de La Jota y Vadorrey.

A continuación os mostramos los paneles de los trabajos realizados:






































lunes, 7 de marzo de 2022

Nuevo urbanismo, ¿qué hay de nuevo?


Regeneración Urbana del eje Este-Oeste de Zaragoza
Taller de urbanismo del Máster en Arquitectura
https://www.youtube.com/watch?v=krj1fVYzH8g&t=1s

“Hay que inventarlo todo otra vez, el derecho, la política, las artes, la arquitectura, las ciudades”. Esa es una de las conclusiones propiciadas por el confinamiento de Bruno Latour en su reciente ensayo Una guía para habitar el planeta. Pero también señala que “aprender a retroceder es lo que nos desconfina”. Una sugerencia interesante para el debate urbanístico, cuando, en la efervescencia de las disputas políticas y de los oportunismos de todo tipo, algunos se dedican a desacreditar las aportaciones de periodos anteriores metiendo en el mismo saco distintas visiones urbanas y siguiendo aquel viejo dicho de tirar el niño con el agua sucia de la bañera. Decía Peter Hall, uno de los urbanistas e historiadores del urbanismo más reconocidos de las últimas décadas, que en el urbanismo del siglo XX ha habido unas pocas ideas clave, que se repiten, se reciclan y se mezclan. Una de ellas fue el modelo teórico de la ‘ciudad funcional’ consagrado en La carta de Atenas (1933), con su entonces razonable aunque rígida zonificación de la ciudad en cuatro funciones básicas (Vivienda, Trabajo, Ocio, Circulación). Sin embargo, sus principios fueron desvirtuados en su aplicación posterior, al subordinar las ideas originales a las lógicas del mercado inmobiliario.

Las críticas a ese modelo, ya desde los años sesenta del pasado siglo, dieron lugar a una serie de revisiones y formulaciones que forman parte de algunas teorías urbanísticas todavía vigentes, con algunos conceptos clave: la urbanidad y la vitalidad urbana, la habitabilidad y la densidad, la centralidad y la zonificación, la unidad vecinal y la proximidad , los paisajes culturales y la memoria colectiva, los proyectos urbanos y ecopaisajísticos, las estrategias para reducir las desigualdades espaciales y las buenas formas urbanas. Sin embargo, durante el periodo del desarrollismo, de los años cincuenta a los setenta, las ciudades continuaron conformándose bajo la óptica del urbanismo funcionalista, convertido cada vez más en un urbanismo tecnocrático poco receptivo respecto a las visiones críticas que ya dominaban el ambiente intelectual y disciplinar de la época. Hasta que llegó la crisis económica y, desde los años ochenta, las estrategias urbanísticas volvieron a centrarse en la ciudad existente, activando operaciones de renovación, regeneración y recualificación urbana dirigidas a paliar el declive de las ciudades europeas. Los planes urbanísticos anteriores pensados para ordenar el crecimiento quedaban desautorizados y se cuestionaba la validez del planeamiento. Claro que en España esa situación general coincidió con la Transición democrática y la renovación sustancial del urbanismo con planes y proyectos, que supusieron una mejora sustancial de nuestras ciudades. A partir de entonces, se asiste a la aceleración de los procesos de globalización y digitalización, lo cual se ha traducido en una mayor competencia entre las ciudades, que han debido reorientar sus estrategias urbanas para hacerlas más atractivas, mejorando a la vez las condiciones de habitabilidad para sus ciudadanos.

A pesar de las diferencias entre los contextos nacionales y locales, es posible identificar un ‘nuevo urbanismo’ en el que se reciclan y se mezclan aquellas pocas ideas clave que ya estaban presentes en la era de la Segunda Modernidad, aunque con renovadas visiones en correspondencia con esas transformaciones socioeconómicas y culturales. Como apuntábamos en otra ocasión (“Urbanismo pospandemia”, Heraldo 24.05.2020), más allá del urbanismo táctico y de actuaciones poco elaboradas, se trata de promover una nueva calidad urbana, respondiendo a los desafíos de la desigualdad y de la degradación de los barrios de las primeras periferias. Cuando ahora proliferan las llamadas a ‘otras formas de pensar la ciudad’ y a un ‘urbanismo disruptivo’, es importante saber qué es realmente nuevo y qué ideas clave continúan siendo relevantes para el debate actual. Volver a analizar con visión crítica las experiencias anteriores y revisitar los textos de los autores modernos y contemporáneos resulta imprescindible para ‘aprender a retroceder’, por extraño que parezca. El urbanismo zaragozano es un ejemplo paradigmático de todo ese recorrido. Y no estaría mal reconocer seriamente los puntos fuertes y las debilidades de las intervenciones y los planes de los ciclos urbanos anteriores a la crisis de 2008. Ése sería un sólido punto de partida para la necesaria renovación de los argumentos que han mostrado su pobreza y falta de ambición urbanística durante los últimos años en nuestra ciudad.


Javier Monclús es Catedrático de Urbanismo y Profesor Emérito de la Universidad de Zaragoza

(*) artículo publicado en Heraldo de Aragón 7.03.2022

(**) presentación trabajos Taller de Urbanismo en:

viernes, 25 de febrero de 2022

Viaje de estudios a Marsella 2-6 de febrero de 2022

Llegada por aire a Marsella desde el Sur

Después de la anulación del viaje programado a Marsella para febrero de 2021 por los conocidos motivos pandémicos, conseguimos realizarlo en un segundo intento, durante los primeros días de febrero de 2022, sorteando los problemas que todavía planteaba la Covid19.

El objetivo principal del viaje, como en todos los anteriores, era el de estimular una reflexión sobre las dinámicas urbanas y sobre la ‘arquitectura de la ciudad’, en esta ocasión tomando a Marsella como ejemplo o caso de estudio. Además, la lectura previa de la ciudad se había iniciado en el taller de urbanismo que se realiza en la asignatura de Proyectos Urbanos de la EINA (Urbanismo 2). Ahí se desarrolla una serie de análisis y propuestas de regeneración urbana sobre la franja portuaria en reconversión, como también ocurre en otras ciudades europeas analizadas y visitadas en los últimos años. Por otro lado, en la clase de Composición 4, asignatura que estaban cursando los alumnos que el pasado año hubieran tenido que hacer este viaje, se abordó el estudio de la arquitectura de Pouillon en algunas de las prácticas del curso.

Interesa recapitular brevemente algunos episodios de la evolución urbana de Marsella, siguiendo el recorrido propuesto en el capítulo dedicado a Marsella en el Atlas histórico de las ciudades europeas (CCCB, 1994), que está a disposición en el Moodle de la asignatura Urbanismo 2 para proceder después a la ‘lectura con los pies’ describiendo el recorrido de nuestra visita.

Como todos los años, comenzamos visitando el Museo de Historia de la ciudad, con el fin de recapitular lo que previamente se había expuesto en las clases sobre las características urbanas y la evolución histórica de Marsella. En primer lugar, se pudo reconocer in situ, a la vista de los planos y maquetas expuestos en el Museo, la evolución de la ciudad que explican los autores del capítulo correspondiente en el mencionado Atlas: “La configuración natural del emplazamiento de Marsella es uno de los rasgos dominantes de esta ciudad. Es un territorio cerrado, susceptible de ser descrito como un inmenso anfiteatro que mira al mar, ceñido por un cinturón de colinas rocosas y desérticas. En el interior de este vasto espacio está contenida la ciudad, en un término municipal de 23.000 hectáreas (230 km2); todavía en la actualidad, el territorio está lejos de la saturación urbana”.


Maqueta siglo XX a.C. expuesta en el Museo Histórico de la Ciudad. Foto satélite


Al comparar las descripciones geográficas y las reconstrucciones sobre el núcleo histórico con la vista de satélite actual, podemos entender la importancia que desde la fundación de la ciudad tuvo el puerto, durante mucho tiempo el más importante del Mediterráneo, corazón simbólico y motor económico fundamental de Marsella. En la actualidad, la escala del Vieux Port de Marsella se percibe mucho menor, debido al crecimiento extensivo que la ciudad ha experimentado. Las reconstrucciones históricas muestran su escala original en relación con el centro urbano, por ejemplo, el correspondiente a la ciudad medieval, tal y como muestra la imagen.

Ciudad medieval y ciudad nueva 

Se entiende que la importancia de esa originalidad geográfica del lugar se debe a la existencia del Lacydon, “una antigua cala de unas 27 hectáreas, excepcionalmente bien protegida de los vientos marinos, cuyo descubrimiento por los focenses (600 a.C.) marcó el nacimiento de la ciudad. Durante 2500 años, hasta 1850, esta ensenada natural constituyó por sí sola el puerto de Marsella, y hasta finales del siglo XVII toda la ciudad había estado concentrada sobre las laderas al norte del Lacydon. El proceso de extensión que determinó el nacimiento de la Marsella moderna fue la creación de una ciudad nueva por orden del rey de Francia, en 1666. El Ensanche, que extendió la ciudad hacia las otras orillas del puerto, triplicó la superficie urbana a lo largo del siglo XVIII.” (Las grandes etapas del crecimiento urbano. Atlas, 176 ss). Durante 2500 años, hasta 1850, esta ensenada natural constituyó por sí sola el puerto de Marsella. A mediados del siglo XIX, se convierte en el puerto moderno de la ciudad.

Podemos comprobar cómo se producen los sucesivos crecimientos urbanos, desde el núcleo griego al medieval. Se conocen bien las trazas de las murallas helenísticas, las de las medievales, hasta llegar al siglo XIII, siendo estas superadas a partir de los siglos XIII y XIV. De forma muy sintética se puede entender lo que se llama la ‘ruptura barroca’, con los trazados de las extensiones clásicas, y la ciudad nueva (ville neuve) a partir del siglo XVII.

Plano geométrico de la ciudad de Marsella (1743)

Es entonces es cuando se producen los grandes trazados, como el de la avenida más famosa de la ciudad, La Canebière, construida en 1666. Perpendicular a ella, el Corso constituye el eje Norte-Sur, importante para entender la estructura urbana de Marsella. Los trazados en damero se apoyan en esos ejes. También es en el siglo XVII cuando se urbaniza lo que llamaríamos la zona logística (zona situada al sur de la ensenada del puerto), con almacenes y demás equipamiento comercial y militar. Para los pescadores, también el Arsenal, donde se reparaban los barcos, etc. Todo ello se puede apreciar en el Plano geométrico de la ciudad de Marsella (1743).

La lógica barroca tiene que ver con la ciudad mercantil, comercial, preindustrial…, lo que los autores del Atlas llaman ‘la ciudad de los intercambios’. Es entonces cuando el puerto se convierte en el más importante de Francia. Es una ciudad francesa, pero es además una ciudad cosmopolita, pasa de 80.000 a 120.000 habitantes. Ahora es un puerto para la navegación a larga distancia, no sólo en el Mediterráneo. Eso es importante para entender el significado de la ciudad portuaria. También es un lugar estratégico, con una fortaleza potente de defensa frente a ataques (flota aragonesa, piratas). El mencionado Plano geométrico sintetiza la ciudad de mediados del siglo XVIII. Las nuevas murallas engloban las nuevas extensiones, con un modelo análogo al de París, mientras que los bulevares estructuran el crecimiento mediante el sistema de ejes establecido por la Canebière y el Cours.

La ciudad de los intercambios (Vista 1754)

En estos años es cuando aparecen las fantásticas vistas de algunos pintores que explican bien el paisaje urbano y la vitalidad de la ciudad. Como en el cuadro de J. Vernet de 1754 que presenta “una vista panorámica de las construcciones que bordean la bahía por sus dos lados, a la izquierda los edificios del antiguo arsenal de las galeras, convertidos en almacenes a partir de 1749; a la derecha la ciudad con el Ayuntamiento barroco y el campanario de la iglesia de los Äccoules. Al fondo, los fuerte de Saint-Nicolas y Saint-Jean, la ciudadela y el faro” (Atlas, 182).

Vista de Marsella y de sus nuevos puertos (1886)

En el siglo XIX aparecen otras vistas, ahora a vista de pájaro, como esta sensacional de 1886. El puerto moderno coexiste con el antiguo. Pero se ve la escala impresionante del nuevo puerto, vinculado a una economía cada vez más internacional.

Trazados y parcelaciones (1780‐1850)

En los planos analíticos se explican los crecimientos en esta época preindustrial. Se puede ver el eje Prado‐Castellana, que señala el proceso de segregación socio-espacial, con las élites desplazándose hacia el Sur y los espacios productivos y clases populares al Norte. Sobre todo, a partir del derribo de las murallas, como ocurre también en otras ciudades europeas y españolas. Los trazados y parcelaciones permiten una cierta continuidad con el tejido medieval. También se aprecia ya la primera estación, que daba servicio al tren a París. Coincide así la modernización del puerto con la construcción de la estación y con los intentos de vincular ambos polos de centralidad. Entender esa estructura urbana es fundamental para dar razón de ser de las formas urbanas que se van consolidando durante esos años.

Plano de Marsella y de sus alrededores con indicación de las obras proyectadas (1858)

Aparecen las grandes avenidas y operaciones de apertura viaria que soportan nuevas tramas urbanas, siguiendo el modelo parisino, con la monumental ‘calle corredor’. La organización de la circulación dio lugar a una red global de grandes avenidas adaptadas a los transportes requeridos por la industria: “En lugar de desarrollar la sociabilidad del espacio público, el haussmannismo adaptó la ciudad a la circulación rodada, dotándola de amplios nudos de tráfico más que de auténticas plazas públicas. Había sin embargo un arte urbano, que homogeneizó las fachadas a lo largo de las calles y erigió auténticos monumentos a la eficacia de la administración y al poder del dinero, más que a la gloria del monarca como en la época clásica” (Atlas, 188).

Rue République en el extremo que da al  Vieux-Port (1920)

La perspectiva de la principal apertura haussmanniana en Marsella es un ejemplo típico del nuevo paisaje urbano surgido con la época industrial.

Foto aérea del Vieux‐Port y las extensiones urbanas (1930)

Un excepcional fotoplano de 1930 muestra la situación previa a las grandes operaciones que acaban con el barrio portuario y que producen que el centro urbano se desplace hacia el Norte. También se aprecian con claridad los trazados que estructuran la ciudad vieja y la nueva, algunos correspondientes al periodo clásico, como la Canebière (1 km), otros al hausmaniano, como la rue de la République y otros a las reformas radicales que producen grandes vacíos urbanos, como el del entorno de la Bolsa.


Vista general del Vieux-Port y de los barrios históricos desde Notre-Dame de la Garde (ca. 1940)

La destrucción del barrio del Vieux-Port por los alemanes se lleva a cabo en las circunstancias excepcionales de la guerra. Sin embargo, el protocolo de las demoliciones es comparable a una reforma urbana radical, que produce la ruptura de las formas urbanas históricas.

Destrucción con dinamita del barrio del Vieux-Port (febrero 1943)

La destrucción total del frente portuario se asocia a proyectos anteriores de saneamiento, pero es durante la Segunda Guerra Mundial cuando se ponen en marcha. Los que aparecen ahora no son los arquitectos que se emplean a la demolición del barrio, sino que son los ocupantes nazis quienes deciden esa ‘operación violenta de urbanismo’, con evacuación forzada de 20.000 habitantes. Se procede así no a la reconstrucción, sino a una nueva implantación urbana.

Vista aérea (1948) 

Ese es el contexto en el que se producen los proyectos de Fernand Pouillon, de gran calidad arquitectónica y urbana.

Plan de masse général modifié par André Devin et Fernand Pouillon (1951)

Ya en 1951 se aprueba el Plan masse, una especie de Plan Director. Son procesos que, como ahora, avanzan con superposiciones y modificaciones constantes, hasta que se concretan y se realizan los proyectos definitivos. Las manzanas se encargan a distintos arquitectos. En este momento August Perret sigue siendo arquitecto jefe.

Fernand Pouillon con A. Devin y A. Perret. Reconstrucción del Vieux-Port de Marsella (1948-53) 

tervención reconstruye el barrio de la marina a los pies de la Tourette, tras la destrucción bélica. La solución de este frente la realiza Pouillon anteponiendo un cuerpo de fábrica de cuatro metros de profundidad hacia el muelle, ya propuesto en proyectos precedentes.

La profundidad del elemento porticado de la planta baja se mantiene en las cuatro plantas superiores, en las que se producen la alternancia de cuerpos de ventanas enmarcadas por 'órdenes' y de vacíos de logias retranqueadas, una solución que articula la fachada, rematada por una logia continua. Al margen de las características arquitectónicas, sorprende la rapidez con la que cambia la imagen y la morfología urbana de un área que se había ido conformando durante siglos. Por otro lado, se ven embarcaciones deportivas, ya que, como se ha visto, en los años cincuenta el Vieux-Port había dejado de ser el puerto tradicional a raíz de la construcción del nuevo puerto en el siglo XIX.

Vista del conjunto de La Tourette, F. Pouillon con R. Egger (1948-53)

La intervención en el viejo puerto, tanto en el conjunto de La Tourette como en los bloques de viviendas que se asoman directamente al frente marítimo, fue finalmente confiada a Fernand Pouillon, que desarrolla el proyecto con René Egger. Estas intervenciones se entienden mejor tras pasear por La Panier, el centro histórico de la ciudad. Puillon utiliza la piedra que se encuentra en los edificios públicos de la ciudad, extendiendo su personal concepto de decoro, de duración y de belleza a los edificios que construye en piedra. Su entendimiento de la arquitectura desde su responsabilidad colectiva y social, con dimensión pública y urbana, le lleva a extender la piedra, los órdenes, a todo el tejido urbano en el que interviene.

“El promontorio sobre el que surge la Tourette, al norte del Viejo Puerto, como remate meridional de las construcciones del puerto moderno, domina las vistas de la ciudad desde el mar y desde la tierra. El lugar sobre el que se asienta es el que ocupaba la acrópolis de la ciudad griega. El proyecto de Pouillon consiste en una plaza alargada dispuesta sobre la cota más alta de la cresta, cerrada en su lado más largo por un edificio de ocho plantas junto al que se levanta una torre que se mide con la cúpula de la catedral del siglo XIX y con la iglesia de Saint-Laurent. La fachada hacia la ciudad se conforma mediante dos edificios bajos con un zócalo porticado. En la parte central de este frente una escalinata pone en relación el espacio alargado de la plaza con el Viejo Puerto. A esta apertura degradada hacia la ciudad se contrapone un frente cerrado hacia el mar rematado la torre. De este modo, la nueva mole arquitectónica se presenta como una fortificación añadida a las masas edificadas existentes, y se sitúa en el lugar de las murallas griegas, a modo de nueva Stadtkrone para Marsella” (Giulio Barazzetta, Domus 1995).

Ciudad e infraestructuras. Desplazamiento y crecimiento del nuevo puerto

Hizo falta un siglo para que el puerto ocupara todo el litoral norte de Marsella. Se distingue netamente el cambio de escala que diferencia las infraestructuras del siglo XIX de las del siglo XX, cambio justificado por el aumento del tamaño y el calado de los navíos, la multiplicación de las vías de los muelles y el aumento global del tráfico Está previsto construir nuevos muelles, cuatro kilómetros al Oeste.


Vista aérea de la ciudad hacia los barrios al norte del lago de Berre


Esta parte de la ciudad presenta un tejido urbano saturado por las infraestructuras pesadas de la ciudad (ferrocarril, intercambiadores, puerto, canal, carreteras y autopistas). Tiene connotaciones negativas por los terrenos baldíos que han dejado las antiguas industrias y por el carácter popular de sus barrios. En cambio, actualmente es la parte mejor comunicada y la que ofrece un acceso más fácil a los espacios más dinámicos del área metropolitana (lago de Berre).

Proyecto Marseille Meditérrannée, A. Grumbach (1993)

Propuesta –no realizada– que responde a la convocatoria de ideas de 1993 realizada por la Mission Masan y dirigida a cuatro arquitectos: Antaine Grumbach, lgnasi de Solà-Morales, Aldo Rossi y Atelier 9.
Norman Foster, L'Ombrière, 2013


Vieux Port (fotos CD, BT, JM)


Una vez introducidos brevemente a la historia urbana y arquitectónica de Marsella, podemos recordar algunos episodios del recorrido realizado en esos días de febrero. Informaciones más detalladas sobre los edificios en concreto se pueden encontrar en la guía de viaje realizada por algunos de los alumnos que participaron en él (enlace a la guía). Comenzamos por el Puerto Viejo o Vieux Port. Interesa comprobar la función que actualmente cumple como polo turístico que conserva su atractivo gracias a la conservación de los antiguos almacenes portuarios, el puerto deportivo y el frente de edificación renovado en la posguerra.

Frente portuario y fachada urbana proyectada por Pouillon

El reto de Pouillon fue construir con un sistema alternativo al que se estaba utilizando en Francia en la construcción masiva de vivienda social, con hormigón e instalaciones industriales. Frente a L’Unitè de Le Corbusier, por ejemplo, Pouillon propone la construcción con un uso global de piedra, tanto desde el punto de vista estructural (muros de carga y pilares) como compositivo (órdenes), oponiéndose provocadoramente a los nuevos sistemas y materiales. Junto a Pierre Marcerou, director de la cantera Fontvieille, inventa un sistema mecánico que permite extraer y tallar directamente en la cantera bloques de piedra con superficies regulares para poder construir hasta 11 plantas.

A partir de aquí, podemos seguir algunos episodios urbanos y arquitectónicos a través de las imágenes.

Les Docks, Eric Castaldi, 1992-2001; Atelier Alfonso Femia, 2013-15

La Canebière, Fernand Pouillon, René Egger, 1947-56

Vista desde el MUCEM hacia la catedral, con las torres La Marseillaise de Jean Nouvel, 2006-18 y CMA-CMG de Zaha Hadid Architects, 2006-10




Museo FRAC de arte contemporáneo, Kengo Kuma, 2007-13

Vista general desde Notre Dame de Garde

Centro cultural La Vieille Charité, Pierre Puget,1671-1704, Le Panier








Tras la visita a L’Unité d’Habitation de Le Corbusier, recorremos en bus los poco más de 4 kilómetros que va desde la playa de los Catalanes hasta la playa Parque du Prado. De ahí un recorrido por La Corniche, lugar frecuentado por policías como Fabio Montale y también por muchos delincuentes que protagonizan las novelas negras y las películas a las que hacemos referencia al final.

La Friche la Bell de Mai


Finalmente, exploramos con cautela alguna de las periferias próximas, aunque sin entrar en las cités, no se trata de hacer turismo arquitectónico de ese tipo, aunque conviene tener muy en cuenta esta parte esencial del paisaje urbano marsellés.

Donde sí entramos sin problemas es en el interesante conjunto “Friche la Belle de Mai”, una antigua fábrica de tabaco cerca de la estación Saint-Charles en Marsella, Francia, en el barrio de Belle de Mai. Desde principios de la década de los 80 se ha ido convirtiendo en un centro cultural extraordinario, con restaurantes, biblioteca, guardería, con múltiples actividades creativas y en el que residen docenas de artistas internacionales. y también una gran terraza pública donde se desarrollan diversos eventos. La torre panorámica fue construida en 2013, con motivo de la designación de Marsella como capital cultural europea.


La visita a Aix.en-Provence, además de comprobar la calidad urbana del núcleo histórico y del ensanche Mazarino (s.XVII), se aprovechó también para ver el taller de Cézzane. Lo que nos sirve para enlazar con algunas representaciones de Marsella en la literatura y en el cine.



Como la de las novelas negras de Jean‐Claude Izzo, que dibujan un veraz retrato de la ciudad. Diríamos que su Trilogía de Marsella es imprescindible si se pretende hacer una inmersión en la vida marginal de la ciudad, aunque hay que decir que su relato es realmente violento. Ahí podemos ver al detective Fabio Montale recorriendo la ciudad los años noventa, no hace tanto tiempo. Aunque es cierto que la ciudad ha cambiado en los últimos años como consecuencia de importantes inversiones y de una nueva política municipal (actualmente hay una coalición verde‐izquierda).


También podemos ver un número considerable de películas ambientadas en Marsella. El título clásico es French Connection, donde aparece Marsella junto a Nueva York y Montreal, hace ahora cincuenta años, en 1971.

Recientemente (2015) se ha filmado una secuela, cuyo título original La French, se tradujo en español como Conexión Marsella (esta última disponible en Filmin). En ambas se presenta la ciudad como ‘capital de la droga’ que inunda las calles de Nueva York en la década de los años 1970 y 1980. Los ajustes de cuentas entre la mafia marsellesa son un clásico.

Pero lo que ahora nos parece más interesante es comprobar que, como en las novelas de Jean-Claude Izzo, la ciudad es protagonista, pero sobre todo el puerto es el principal protagonista, así como las ‘cités’ o grandes conjuntos de vivienda masiva situados al note de la ciudad, algunos de ellos verdaderos guetos.


Otra visión de Marsella es la que se ofrece en las películas de Robert Guédiguian, cuyo padre era un inmigrante armenio que trabajaba en los muelles de Marsella. Guédiguian cuenta historias de las clases proletarias. Si lo que Guédiguian plantea es un cine clásico en su aspecto formal, la intención no puede ser más actual. Sus tramas siempre se apoyan en denuncias sociales de la clase trabajadora, se sitúan en su Marsella natal o en los alrededores, en pueblecitos pesqueros sumidos en la depresión y el paro, con la especulación inmobiliaria engulléndolo todo, incluyendo antiguas fábricas que se hunden o simplemente se encuentran abandonadas.

Ese es el entorno en el que se mueven casi todas sus películas, como ocurre con Marius y Jeannette, (1997) la que le dio a conocer en España, también La casa junto al mar (2017) o Las nieves del Kilimanjaro (2011).


Muy recientemente, en realidad está ahora todavía en los cines, se puede destacar la película titulada Stillwater en su versión original, Cuestión de sangre en la versión española. Aunque cinematográficamente no tiene el interés de las anteriores, interesa porque, de nuevo, la ciudad es protagonista, sobre todo el puerto y las ‘cités’.


También se pueden ver otras otras películas ambientadas en Marsella más comerciales. Es el caso de la serie de Netflix titulada así, Marseille, con Gerard Depardieu como alcalde. En ella aparecen también de forma recurrente los elementos característicos de la ciudad, del puerto a los grands ensembles o ‘cités’…pero también los fantásticos y luminosos paisajes urbanos que hacen de esta ciudad una de las más atractivas de Europa.

Carmen  Díez-Medina
Javier Monclús