Mostrando entradas con la etiqueta alumnos 5º. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta alumnos 5º. Mostrar todas las entradas

viernes, 12 de abril de 2013

ZARAGOZA EN VERDE. Urbanismo desde el paisaje

Nos interesa la idea del paisaje como herramienta de conocimiento, como proceso y como medio; como proyecto capaz de desarrollar una ecología espacio temporal que trabaje con todos sus agentes y sus relaciones en clave de sostenibilidad y legibilidad del territorio. En esta exposición se exponen los trabajos realizados durante el semestre de otoño en el Taller de Urbanismo, Territorio y Paisaje de la EINA. Se propone una mirada contemporánea del paisaje, como herramienta y como lugar, como proyecto a todas las escalas. Se propone reflexionar sobre las estrategias más adecuadas para dar respuesta a situaciones problemáticas y oportunidades de intervención en determinadas áreas periurbanas sobre las que se despliega el tramo norte del Anillo verde de Zaragoza.




1. Las claves del análisis.

Proyectar desde y con el paisaje implica un conocimiento profundo de la multitud de variables y procesos que lo configuran. No se trata de una aproximación sectorial y especializada, sino de una interdisciplinar, holística e integradora.

Desde que en 1969 se publica por primea vez la obra de Ian L. McHarg Proyectar con la Naturaleza el análisis del territorio- paisaje surge como una herramienta para la planificación anticipando la necesidad de un cambio de modelo en la metodología de elaboración del planeamiento. Se propone abandonar los planes basados exclusivamente en el desarrollo de la forma urbana dando el paso a otros centrados en un entendimiento ecológico del territorio. Este planteamiento toma como base la comprensión del territorio como sistema compuesto de elementos naturales y de otros antrópicos. Las actividades humanas constituyen un elemento más de este sistema y la manera en la que se localizan espacialmente modifica su comportamiento. Se propone una valoración de los suelos y de sus usos a partir del análisis de los distintos elementos en los que podemos descomponer el territorio. Esta metodología se ha ido completando y ampliando con la incorporación de cuestiones vinculadas al territorio y sus relaciones ecológicas, Forman (1995) y a las cuestiones sociales y culturales, incluso lo fenomenológico e identitario, Nogué (2007-2008); hasta conseguir abarcar así todo el universo espacio-temporal que configura el entorno del hombre.

En nuestro país, por ejemplo, los trabajos llevados a cabo por Rosa Barba, Xavier Eizaguirre, Joaquín Sabaté, Rafael Mata o Joan Nogué, entre otros, han avanzado una nueva aproximación al paisaje elevándolo a escalas desconocidas para la planificación. Todos ellos apuestan por un análisis del medio basado en la caracterización frente a la valoración cuantitativa, un análisis descriptivo, casi narrativo, que se convierte en el argumento del propio proyecto. La caracterización exige de la complementariedad de cartografías, textos e imágenes capaces de involucrar todos los contextos estructurales y texturales, naturales y antrópicos, las dinámicas, los procesos, los valores, incluso las debilidades y potencialidades de un territorio, de un paisaje.

Conocimiento y creatividad se funden de la mano de mapas y dibujos expresivos, reveladores y necesarios.


Fig 1 : Plano Morfológico de Gran Canaria. Rosa Barba.
Fuente : Equip BCPN (2010). Rosa Barba Casanovas 1970-2000 Obras y Escritos, Asflor Edificiones. Barcelona.

Pero además no debemos olvidar que el paisaje es el entorno del hombre, el reflejo de una sociedad, por lo tanto, los procesos participativos en paisaje, aunque no exentos de complejidad, son más asequibles para la ciudadanía. De la experiencia americana hemos aprendido también que estrategias que requieren de la implicación de varios agentes y cuya acción se manifiesta a lo largo del tiempo, necesitan de un apoyo ciudadano que sólo es posible si el proyecto da respuesta a los programas que la sociedad demanda. Nuestro papel como planificadores del paisaje consiste, por lo tanto, en espacializar estos procesos y programas (naturales y antrópicos) dotando de funcionalidad, legibilidad y calidad a nuestras propuestas.


Fig 2 : Proceso de participación dede paisaje.
Fuente : Paisatge i participació ciutadana. Documents 01. Observatori del Paisatge de Catalunya. Olot (2010).


Del este modo, el paisaje nos permite adentrarnos no solo en la dimensión natural, sino también en la antrópica, aplicando el concepto de ecología a lo humano y al resultado de la interacción de éste con la naturaleza, superando de esta manera las carencias que el tradicional método ecológico nos ofrece. Además la mirada contemporánea del paisaje abarca todo el territorio, no teniendo que ver unicamente con la valoración de paisajes simbólicos, naturales o excepcionales. El paisaje se convierte así en un elemento integrador, en un derecho, en un elemento de la calidad de vida de las poblaciones.

Durante los últimos 30 años hemos asistido a ambos lados del Atlántico, a un reconocimiento del paisaje como instrumento necesario para aproximarse al conocimiento profundo del territorio y sus procesos. La escala del paisaje se considera entonces como el marco apropiado para la consecución de un análisis en clave de sostenibilidad capaz de dirigir los procesos contemporáneos de ocupación del suelo. No en vano, las aproximaciones desde la gran escala han sido las elegidas mayoritariamente por los organismos nacionales e internacionales para desarrollar sus políticas de sostenibilidad.

Al mismo tiempo que ha ido evolucionando el concepto de paisaje, su estudio ha experimentado una transformación cultural y metodológica que se ha reflejado no sólo en textos y autores, como los anteriormente descritos, sino en su incorporación como disciplina propia en distintas universidades. Podemos decir, sin miedo a equivocarnos, que el proyecto de paisaje se ha convertido en el nuevo paradigma de la cultura contemporánea y que supone en nuestros días un reto para profesionales de distintas disciplinas involucradas en la gestión del territorio.

2. El paisaje como proyecto.

A ambos lados del Atlántico las estrategias basadas en un entendimiento holístico del paisaje han emergido como un modelo para la planificación contemporánea a todas las escalas. Una herramienta ya no sólo de análisis sino de proyecto, el soporte espacio temporal de la planificación, su medio1. Podemos destacar entre estos los estudios de Stan Allen (2001), James Corner (1999), Mohsen Mostafavi (2010), Chris Reed (2007), Charles Waldheim (2006) o Sébastien Marot (1999), entre otros. Todos estos ensayos y propuestas se benefician de los tradicionales textos de planificación regional y ecológica desde Patrick Geddes (1915) a Benton Mackaye (1942) y desde Lewis Mumford (1964) a Ian L. McHarg (1969) .

Muchas de estas reflexiones y propuestas surgen como reacción al modo en el que se ha producido el paisaje contemporáneo. Un modelo que podríamos denominar sin criterio en el que el potencial de un lugar se consume contraponiendo el lleno al vacío, la ciudad frente a la naturaleza, lo ordenado frente a lo conservado. Propuestas sin estructura, sin referencia a un marco territorial más amplio, que han dado como resultado paisajes ineficaces y banales. En contra de estos presupuestos, proyectar desde el paisaje supone concebir éste como el soporte infraestructural desde el punto de vista ecológico, social y cultural. Surgen en este contexto nuevas metodologías de aproximación territorial, un nuevo repertorio de estrategias sostenibles capaces de ofrecer una amplia paleta de tipologías a caballo entre el proyecto y el paisaje. Para ello es necesario prestar una atención detallada a sus componentes y a sus condiciones pero también a su configuración y programa, activando de este modo el espacio.

Entre estas estrategias podemos encontrar un conjunto interesante de proyectos que tienen como hilo conductor crear una infraestructura verde capaz de dotar de funcionalidad al territorio-paisaje, incorporando programas que van desde la mera protección, el turismo, la agricultura o el ocio. Estos proyectos toman como principio la búsqueda de la conectividad ecológica y la naturalización de los espacios, así como una nueva funcionalidad de estos territorios, orientada la mayoría de las veces, a su recuperación total o parcial como espacios de relación y cohesión social a escala territorial o urbana. Estos proyectos permiten además dotar de legibilidad a los paisajes, especialmente en aquellos ámbitos sometidos a intensos procesos de urbanización. Son las infraestructuras y anillos verdes, las redes y los corredores.

Sin salir de nuestras fronteras, el anillo verde de Vitoria o el proyecto Madrid Río son algunos de los mejores exponentes de este conjunto de proyectos.



Fig 3: Anillo Verde de Vitoria.
Fuente: El anillo Verde Interior. Foro Urbano de Paisaje, Vitoria (2012).



Fig 4 y 5: Proyecto Madrid Río, Arquitectos: Burgos & Garrido / Porras La Casta /Rubio & Álvarez-Sala / West 8; Director de equipo: Ginés Garrido.
Fuente: Burgos & Garrido.


Aunque todas estas estrategias se encuentran relacionadas, resulta interesante llamar la atención sobre un conjunto de proyectos en los que el paisaje se concibe no solo como un modelo ecológico y formal, sino como un modelo de concepción de procesos. De esta manera territorios que nos parecerían inabarcables se incorporan a nuestra gestión cuando se introduce una programación dinámica y se trabaja con los procesos naturales. Los trabajos de James Corner + Stan Allen para el concurso de Downsview Park (2000), el proyecto de Corner para Fresh Kills Park (2006), o los proyectos de Michael Desvigne para Burdeos (2000) son algunos de los exponentes más reveladores de este conjunto de estrategias.



Fig 6: Fresh Kills Park: James Corner.
Fuente: Draft Master Plan, New York City department of City Planning, New York, (2006).



Fig 7: Plan de desarrollo urbanístico y paisajístico Bordeaux-Rive droite, Burdeos. Michael Desvigne (2000-2004).
Fuente: (2009) Intermediate Natures: The Landscapes of Michel Desvigne. Birkhäuser. Basel, Boston, Berlin.

Todos estos trabajos ponen de manifiesto la capacidad del paisaje como proyecto holístico del territorio en sí mismo. Es precisamente esta mirada comprometida con los valores naturales y culturales, pero a la vez creativa, la que resulta interesante recuperar para la planificación. Especialmente en escalas, como la territorial, en la que se parece haber renunciado al proyecto de paisaje.


3. ZARAGOZA EN VERDE. Urbanismo desde el Paisaje.
Estas reflexiones están en la base los trabajos que han realizado los alumnos de Urbanismo 4 del Grado de Arquitectura en la Escuela de Ingeniería y Arquitectura de Zaragoza durante el pasado semestre y que se exhibirán en el Centro Ambiental del Ebro desde el próximo miércoles 27 y durante el mes de Abril.

En efecto, la asignatura Territorio y Paisaje se ha desarrollado en el tramo norte del Anillo Verde de Zaragoza, recientemente señalizado por el Ayuntamiento de Zaragoza. En este sector, el Anillo es en realidad un itinerario que pretende en el futuro consolidar un recorrido ambiental y ecológico. Sin embargo, en la actualidad, es un camino que en muchos puntos presenta considerables discontinuidades y estrechamientos, además de una legibilidad interrumpida por otras construcciones que lo alteran y lo devalúan. Esta situación no hace sino poner de manifiesto la necesidad de revisar la manera en la que la ciudad de Zaragoza está planteando su relación con su campo agrícola circundante, y con los espacios naturales próximos.

Los trabajos que ahora se exponen aportan claves para poder mejorar esta relación, planteando en primer lugar estrategias generales de conectividad ecológica una vez han interpretado las claves del paisaje del norte de Zaragoza, y posteriormente realizando propuestas en ámbitos más restringidos, que validan y confirman las posibilidades planteadas en los esquemas de intervención generales.

La lectura de los CAMINOS TRADICIONALES, como sistemas de ligazón histórica entre la ciudad y su territorio, como parte del sistema del agua (molinos, fábricas, diferentes asentamientos) es el hilo conductor que permite apoyar el proyecto de territorio bajo la premisa de la conservación del patrimonio, entendido en sentido integral, que puede convertirse en argumento principal de intervenciones futuras. Miguel Ángel Campos, Jessica Martínez Martínez y Eva Martínez Oca han elegido el Camino de Los Molinos como punto de arranque de una intervención que resuelve con naturalidad el tramo entre el barrio del Picarral y el barrio de San Gregorio, planteando la reconversión de las zonas industriales y la recualificación de las fachadas hacia esta vía urbana, ahora reinterpretada. Miguel Ángel Damián, Santiago Elías y Manuel Esteban adoptan también este itinerario como argumento para su propuesta, pero desde una escala territorial. Han ampliado su propuesta hasta el barrio de San Juan de Mozarrifar, con un planteamiento de reutilización de lo heredado, si éste es capaz de albergar nuevas demandas urbanas. Joao Alves, Alejandro Alda, Daniel Calvo y Carlos Vidal apoyan su intervención en el Camino de Juslibol, y rescatan su traza para poder articular de una manera exitosa la transición entre el barrio del ACTUR y el Galacho de Juslibol.

Caminos tradicionales.
M.A. Damián, S. Elías, M. Esteban.

La formalización de nuevos CORREDORES O CUÑAS VERDES es una estrategia que permite dotar de funcionalidad ecológica y de legibilidad a la estructura verde de la ciudad y favorecer una conexión articulada y coherente entre el espacio urbano y el territorio natural que lo circunda. Y no desde un planteamiento proteccionista, de conservación estricta de lo verde, sino desde el deseo de que estas nuevas venas verdes conformen los nuevos espacios públicos del entorno de nuestra ciudad. Paula Gordo, Azucena Guerrero y Beatriz Nitulescu proponen un nuevo corredor entre San Gregorio y Malpica, un espacio equipado en el que una nueva estación de cercanías, o un nuevo mercado agro-ecológico, asumen un papel clave en este nuevo entendimiento de una ciudad articulada en torno a nuevos espacios urbano-agrícolas pensados y diseñados desde una escala amplia. Daniel Estabén, Javier Sancho y Antonio Sánchez proponen un sistema de cuñas verdes en el barrio de Vadorrey, sobre un espacio hoy difuso, en el que el planeamiento puede articular diferentes vocaciones de las bandas territoriales mediante un sistema de infiltraciones bien dispuestas del territorio de la desembocadura del río Gállego y las áreas del Este de Zaragoza. Sergio García y Alicia Gracia también plantean un conjunto corredores como elementos de articulación espacial, y plantean para el espacio comprendido entre el Campus norte y el barrio de Parque Goya un interesante sistema de corredores, que conectan los Pinares del monte de San Gregorio con los espacios de la cuña verde formada por la Avenida de los Pirineos, resolviendo de esta manera la insatisfactoria relación entre Campus y ciudad, que es en la actualidad todavía más preocupante si se analiza el vigente Plan Especial del Campus.

Cuñas verdes. D. Estabén, J. Sancho y A. Sánchez.


Generalmente las grandes infraestructuras, ya sean éstas ferroviarias, viarias o de otro tipo, han generado discontinuidades y rupturas de difícil resolución en el paisaje. El planteamiento de INFRAESTRUCTURAS VERDESasume el potencial que tienen estas obras para conformar nuevos territorios si en su diseño se consideran de una forma clara postulados paisajísticos. Pilar Viamonte y Beatriz Palaciosplantean la prolongación de la Ronda de Boltaña hacia el Este, hasta alcanzar el Tercer Cinturón de Zaragoza, conformando por tanto un recorrido de circunvalación intermedia continuo, y que asume el papel de vertebrar un nuevo parque lineal, apto para el tránsito de bicicletas y peatonales, y resolviendo uno de los problemas más importantes de esta zona de la ciudad: la imposibilidad de conectar en sentido transversal esta orla urbana, desarrollada tradicionalmente en base a unas directrices estrictamente centrípetas. Inés Benito y Lucía Ferrer adoptan el mismo ámbito de trabajo, su visión de la infraestructura va más allá, y plantean junto a ella una depurada estrategia de naturalización de todos los desarrollos urbanísticos previstos en esta franja, con sutiles ordenaciones y estudios formales, que proponen alternativas a los habituales desarrollos de tramas ortogonales sobre el territorio de la huerta.

Infraestructuras verdes. B. Palacios y P. Viamonte.


Otras propuestas parten de una lectura más atenta a las condiciones actuales de los tejidos urbanos consolidados, y encuentran en ellos argumentos que pueden utilizarse para implementar ESTRATEGIAS DE TRANSICIÓN, que plantean distintos mecanismos de conexión e integración de lo urbano con los sistemas agrícolas y naturales colindantes. Cristina Palacio y Pilar Villuendas resuelven con un sistema de “plazas de transición” la orla que se dispone entre la Avenida de Cataluña, Vadorrey y el tramo de la desembocadura del río Gállego. Su atenta disposición a todos los aspectos que dotan de permeabilidad a la nueva ciudad, no solo en la disposición de los edificios si no también en el diseño de las infraestructuras verdes y de los pavimentos de los espacios de conexión, conforma una solución muy coherente e integradora. En su propuesta, Pablo del Castillo, Alejandro Lezcano y Alvaro Martín apuestan por la reconversión del Polígono de Malpica en un eco-barrio, y su propuesta analiza los edificios y las infraestructuras que deben conservarse en este nuevo escenario. Sandra Liarte y Ana González identifican los puntos de encuentro social, las intensidades en los usos urbanos, y la configuración de estos espacios, de las plazas y calles de la ciudad existente. Y a partir de ellos proponen una nueva manera de entender este sistema de focos, como catalizadores urbanos que desarrollan una estructura que asemeja a la de un sistema de raíces o rizomas, pero que conforma una estrategia útil para conformar los nuevos espacios en la periferia urbana. Por último, Ana Alastruey, Carol Casanova y Silvia Castán presentan una muy creíble configuración de los nuevos desarrollos de Vadorrey, conjuntamente con una revisión de los tejidos consolidados de Cogullada. El Gállego y el papel del nuevo corredor verde dispuesto a lo largo del sistema ferroviario conforman una propuesta muy sugerente de plena integración ciudad-huertas-río.

Estrategias de transición. A. González y S. Liarte.


Las propuestas de esta exposición no tienen como objetivo resolver la ordenación de ningún ámbito en particular, con un planteamiento concreto o finalista. Pero muestran una nueva manera de afrontar la forma de hacer ciudad. En definitiva, proponen que nuestros planteamientos incorporen, desde el primer momento, las lógicas y los condicionantes de los procesos naturales que existen en nuestros ríos, en el freático, en los sistemas agrícolas heredados, en las acequias, en los caminos tradicionales, en la vegetación, en el relieve, etc. El reconocimiento de estos sistemas y su implantación en el territorio han de modificar la forma tradicional de nuestros planes, para conseguir un “urbanismo en verde”, un urbanismo pensado desde el paisaje.


1. Landscape is a Medium” (Waldheim, 2006: 39).

Bibliografía


ALLEN, Stan (2001): “Mat Urbanism: The Thick 2-D”, en Hashim Sarkis, Pablo Allard & Timothy Hyde: Case: Le Corbusier´s Venice Hospital. Munich: Prestel.
CZERNIAK, Julia; HARGREAVES, George (2007): Large Parks. Princeton Architecture Press, New York.
CORNER, James (1999): Recovering Landscape. Essays in Contemporary Landscape Architecture.Priceton Architectural Press, New York.
CORNER, James (1999): The Agency of Mapping: Speculation, Critique and Invention. Denis Cosgrove (ed). Mappings, Reaktion Books Ltd. London. pp. 231-252.
Equip BCPN (2010): Rosa Barba Casanovas 1970-2000 Obras y Escritos, Asflor Edificiones. Barcelona.
REED, Chris (2007): Stoss Landscape Urbanism. C3 Publishing Co, Seoul.
FORMAN, Richard T. (1995): Land Mosaics. The ecology of landscapes and regions. Cambridge University Press, Cambridge.
FORMAN, Richard T. (2008): Urban Regions. Ecology and Planning Beyond the City , Cambridge University Press, Cambridge.
GEDDES, Patrick (2009): Ciudades en evolución. Pensamiento KRK ediciones, Oviedo. (ed. orig., London, 1915).
NOGUÉ, Joan (Ed), (2007): La construcción social del paisaje. Paisaje y teoría. Biblioteca Nueva. Madrid.
NOGUÉ, Joan (Ed), (2008): El paisaje en la cultura contemporánea. Paisaje y teoría. Biblioteca Nueva. Madrid
MACKAYE, Benton (1940): Regional Planning and Ecology. Forest service, United States, Department of Agriculture. Ecological Society of America.
McHARG, Ian L. (2000): Proyectar con la Naturaleza. Gustavo Gili, Barcelona. (ed. orig., Nueva York, 1969).
MAROT, Sébastien (1999): The reclaiming of Sites. CORNER, James. Recovering Landscape. Essays in Contemporary Landscape Architecture. Priceton Architectural Press, New York. Pp. 45-58.
MATA, R.; TARROJA, À. (Coords.), (2006): El paisaje y la gestión del territorio. Criterios paisajísticos en la ordenación del territorio y el urbanismo. Diputació de Barcelona. Xarxa de municipis.
MOSTAFAVI, Mohsen, DOHERTY, Gareth (2010): Ecological urbanism. Harvard University, Graduate School of Design. Lars Müller Publishers, Germany.
WALDHEIM, Charles (2006): The Landscape Urbanism Reader. Princeton Architectural Press, New York.

http://vimeo.com/63864437

http://arquitectura.unizar.es

Profesores del Taller:

Javier Monclús
Carlos Ávila
Miriam García
Pablo de la Cal


viernes, 4 de enero de 2013

Dibujar un plano es dibujar un mundo


De la misma manera que un escritor selecciona, de entre todas las situaciones por las que atraviesa su protagonista, las más necesarias para hilar su historia, no pudiéndose detener en asuntos ajenos a la intención del texto para no aburrir al lector, o igual que un pintor que abstrae las incontables tonalidades de la naturaleza para imprimir con su pincel tan sólo aquellas que cree convenientes, así el urbanista, cuando se enfrenta a la apabullante infinitud de la realidad, se ve obligado a escoger las características fundamentales del territorio que investiga, en detrimento de otras que no satisfacen su objetivo. La información queda recogida en planos, diagramas, esquemas o maquetas que siempre representan documentos parciales y subjetivos de la totalidad del territorio. El carácter parcial es fácilmente asumible, pero se suele olvidar la genética subjetiva de estas representaciones. Sucede que en ocasiones, después de ver algunos documentos miles de veces y en muy distintas situaciones, se olvida su factura humana y se adoptan como dogmas.

Un claro ejemplo es la representación bidimensional que Mercator hizo del globo terráqueo, la que se emplea con más profusión en libros escolares, atlas y enciclopedias. Gracias a este cartógrafo, desde el siglo XVIII ha sido mucho más fácil surcar los mares, con todo lo que eso supone. Sin embargo, gracias a la sobreabundancia de esta imagen del mundo, se tiene comúnmente aceptado que, por ejemplo, Groenlandia es de unas dimensiones enormes, cuando en realidad no supone más que un catorceavo del tamaño de África, aproximadamente. Pero no es esta la única sorpresa del mapa de Mercator. La posición de los continentes en el plano no es ni mucho menos aleatoria; el hecho de que hayamos visto siempre Europa en el centro de todos los mapamundis es obra, como resulta evidente, del cerebro europeo que lo concibió. Sirva este ejemplo como muestra de que cualquier tipo de representación conlleva una toma de decisiones implícita.

Desde los tiempos de Mercator hasta hoy, la forma de concebir el mundo ha cambiado radicalmente y, en consecuencia, también la forma de representarlo. La fascinación por la representación de la realidad que nos rodea ha traspasado las barreras de la cartografía tradicional y desde el siglo XX han proliferado los artistas que con su obra se han enfrentado a esta investigación. El resultado ha sido una explosión de nuevas miradas y descubrimientos: del hecho físico clásico hasta el hecho psíquico como ente cartografiable, del modelo estático bidimensional a la inclusión del factor temporal... En definitiva, el cuestionamiento de la lógica cartográfica a través de pensadores de distinta índole ha producido un nuevo paradigma del mundo en el que vivimos.

Ya en 1874, Lewis Carroll concibió el mejor de los mapas para los marineros de su poema The Hounting of the Snark. Lejos de los abigarrados planos llenos de números, líneas y dibujos que se manejaban en alta mar, éste era un documento completamente vacío. Los marinos se sintieron muy complacidos con su capitán, ya que por fin alguien entendía lo que era realmente la inmensidad del océano.

 The Hounting of the Snark, Lewis Carroll, 1874
(Ilustración de Henry Holliday)

A pesar de tratarse de un relato fantástico no se debe pasar por alto el valor del mapa de Carroll, quien tiene el acierto de intuir que el mar guarda mucho más que aquello que suele representar la cartografía naval. Resulta asombroso cómo, sin un solo trazo, consigue evocar, más allá de un territorio concreto, una imagen mental del mar. El mapa se desliga de la presencia física de los objetos y de su condición estática, remarcando la importancia de lo subjetivo en la manera de entender y reconocer un lugar. Además, se consolida como lugar mental común de los marineros por cuanto un mapa posee la característica especial de señalar el rumbo de toda una tripulación cuyo incierto destino depende tan directamente de sus designios.

En la mayoría de los casos los planos ofrecen información precisa sobre la ruta idónea para viajar de un punto de partida a otro de llegada sin perderse por el camino. Sin embargo, ¿qué ocurre si no se cuenta con un origen ni un final predeterminado? ¿Existen mapas para este tipo de trayecto? La «teoría de la deriva» de los situacionistas cristalizó en documentos como la Guía Psicogeográfica de París, en la cual la capital francesa aparece despedazada y surcada por dinámicas flechas rojas de dirección incierta. Cada fragmento de ciudad corresponde a un ambiente urbano diferente por los cuales el paseante se deja llevar por las solicitaciones que le susciten dichos ambientes. En estas caminatas el azar sustituye al estricto orden cartesiano de un mapa convencional en la medida en que los pasos no siguen un objetivo fijo, sino que son víctimas de los acontecimientos físicos y mentales de cada momento.

Guide Psychogeographique de Paris:
 Discours sur les passions d'amour
, Guy Debord, 1957


Es posible que muchos de los miles de turistas que inundan la ciudad cada año, pese a contar con su guía de bolsillo favorita siempre en la mano, en algún momento de sus accidentados días se encuentren perdidos y caminen durante unos minutos o quizá unas horas siguiendo, sin saberlo, alguna de las rutas que Debord y los suyos experimentaron, y que las mismas corrientes emocionales y azarosas, o puede que otras, sigan cosiendo la psique de ese otro París.

Otro autor muy interesado en la capacidad del dibujo para plasmar el subconsciente de la ciudad fue el estadounidense Saul Steinberg. Con View of the World from 9th Avenue se atrevió a desvelar cómo veían el mundo los neoyorkinos en 1976 más allá de las orillas del  Hudson con una representación tan cómica pero a la vez tan real que supuso una de las portadas más recordadas de la historia del New Yorker. Con un cariz más personal, Autogeografía supone todo un atlas a través de los nombres de los lugares que en algún momento forjaron su experiencia vital. Aquí los topónimos son a su vez activadores de recuerdos de lugares, paisajes y rincones que se funden entre sí para invocar al espectro de un largo pasado y que al sublimar conforman el espacio mental del autor.


View of the World from 9th Avenue, Saul Steinberg, 1976
                 
Autogeography, Saul Steinberg, 1966

Los dibujos de Steinberg hacen reflexionar sobre la carga personal que inevitablemente deposita todo aquel que elabora un plano y, a su vez, incitan a hacerlo como medio de expresión, como método narrativo que acompañando al trazo sea capaz de ofrecer algo más. Más allá de los textos, de los coches o los árboles que salpican los dibujos, que pueden representar elementos más o menos particulares, la importancia permanece en el mensaje que el autor lanza con su obra. La representación de la ciudad o el territorio queda como relato de una manera de entender el mundo.

Todas estas miradas alertan de que incluso el plano más simple debe contar la historia de una búsqueda, como el mapa de un  pirata no sólo indica la posición del tesoro sino también las aventuras de todos los intrépidos que irán tras él. Porque quien dibuja un plano dibuja un mundo, y para ello se hace necesario prestar atención a todo lo que se representa. Pero también a lo que no se representa, pues quizá, como Carroll, estemos dejando allí lo más importante.


Miguel Ángel Damián Sanz
Alumno de Urbanismo IV

(Texto inspirado en la exposición Cartografías Contemporáneas. Dibujando el pensamiento, CaixaForum Madrid, 2012)