Como parte de las actividades de la asignatura Urbanismo 3 del Grado en Estudios en Arquitectura, el pasado 26 de febrero realizamos una salida de campo al municipio de Boltaña. El objetivo era estudiar in situ distintos ámbitos urbanos relacionados con el trabajo que estamos desarrollando en el taller de la asignatura: revisar el planeamiento municipal para proponer actualizaciones, desarrollos o modificaciones que permitan mejorar la calidad urbanística del municipio.
La jornada comenzó a las 8:00 de la mañana, cuando partimos en autobús desde el Museo Pablo Serrano, en Zaragoza. El viaje nos permitió observar el cambio progresivo del paisaje urbano al rural y de llanura al territorio pirenaico, contexto territorial relevante para comprender la estructura urbana de Boltaña.
A nuestra llegada nos dirigimos al Ayuntamiento de Boltaña, donde fuimos recibidos por, D. José María Giménez Macarulla, alcalde del municipio. Durante la reunión nos puso en contexto acerca de la demografía, economía y entorno del municipio, así como los principales retos a los que se enfrenta en la actualidad. Boltaña es la cabecera de la comarca del Sobrarbe y actúa como su principal centro administrativo y de servicios. En las últimas décadas, ha experimentado un proceso de despoblación típico de muchos núcleos de montaña, aunque más recientemente ha visto cierto crecimiento vinculado al turismo rural y a su papel como centro comarcal.
Durante el encuentro, tuvimos la oportunidad de exponer nuestras primeras intuiciones sobre el territorio, lo que nos permitió contrastarlas directamente con la visión del alcalde. En este intercambio, él nos transmitió que la estrategia municipal pasa por un crecimiento sostenible y la diversificación económica, aunque se mostró escéptico respecto a la eficacia del planeamiento actual como herramienta resolutiva para los problemas más urgentes de Boltaña.
Una de las estrategias más notorias presentadas por el Alcalde fue la implementación de un modelo de economía circular basado en la explotación sostenible de los recursos forestales. Esta estrategia se articula en torno al uso del CLT, madera contralaminada. La relevancia de este material como protagonista en las nuevas construcciones no es meramente estética o constructiva; supone la creación de un ecosistema productivo que vincula de una forma directa la salud de los montes del Sobrarbe con la posible expansión urbana del núcleo.
Desde el punto de vista técnico, el uso de la madera contralaminada de presencia local implica una gestión forestal que puede repercutir positivamente en el territorio. La extracción de madera permite realizar labores de limpieza y aclareo del monte, lo cual reduce drásticamente el riesgo de grandes incendios forestales, un peligro latente en el actual escenario de cambio climático en el Pirineo. En este ciclo, el residuo generado —serrín y viruta— se aprovecha al transformarse en biomasa, combustible que podría alimentar una red de calor destinada a los equipamientos municipales.
Gracias a esta propuesta, el Ayuntamiento del municipio ha propuesto la posibilidad de la implementación de una piscina municipal climatizada con este sistema, proyecto que serviría como una válvula de escape para la masificación que hay en las pozas del río Ara.
Además, en lugar de confiar plenamente en la normativa urbanística, el alcalde puso el foco en desafíos muy concretos que condicionan el día a día del municipio, como la preocupación latente por el estado de la infraestructura viaria y la demanda de soluciones técnicas que mejoren la conectividad real. Asimismo, se enfatizó la crisis de despoblación en los núcleos más pequeños, señalando que, para el consistorio, fijar habitantes en estas zonas no es solo un objetivo social, sino una necesidad operativa; la presencia humana es la mejor estrategia para la gestión activa del monte y la minimización de riesgos ambientales, como los incendios. Esta visión crítica nos obliga a replantear el enfoque urbanístico, pasando de una revisión normativa genérica a una propuesta que atienda estas necesidades de accesibilidad y gestión forestal.
Tras la visita institucional y el paso por la oficina de turismo, la jornada se transformó en un proceso de reconocimiento directo de tejidos urbanos. Esta exploración nos permitió contrastar la cartografía previa con la realidad física de Boltaña, iniciando un paseo identificativo por el casco antiguo para evaluar su calidad espacial. Más allá de la trama irregular característica de los núcleos medievales de montaña, el trabajo de campo nos permitió analizar las tipologías edificatorias, la persistencia de la piedra y el estado de las cubiertas inclinadas. Observamos cómo los pequeños ensanchamientos y la Plaza Mayor funcionan como rótulas sociales, articulando la relación con la Iglesia de San Pedro Apóstol y estructurando el resto del tejido mediante una secuencia de calles estrechas que, pese a su complejidad topográfica, ofrecen una gran riqueza perceptiva.
En nuestro recorrido hicimos una parada en la Plaza Mayor de Boltaña, que constituye el principal espacio público del casco histórico. Como en muchos pueblos aragoneses, la plaza funciona como centro social y administrativo, articulando la relación entre los edificios más representativos del municipio.
Junto a la plaza se encuentra la Iglesia de San Pedro Apóstol, uno de los edificios más destacados del patrimonio local. Se trata de un templo de origen románico, posteriormente ampliado en época gótica y moderna, lo que se aprecia en la mezcla de elementos constructivos y en la volumetría del conjunto. La iglesia no sólo tiene valor religioso, sino que también actúa como hito visual y estructurador del espacio urbano, siendo visible desde distintos puntos del valle.
Continuamos el ascenso por las calles más empinadas del casco histórico hasta alcanzar la parte alta del cerro, donde se sitúa el Castillo de Boltaña. El camino, aunque exigente, permitió entender la relación entre topografía y defensa, ya que el castillo domina visualmente todo el territorio circundante. El castillo, de origen medieval (siglos X-XI), fue una fortificación estratégica durante la Reconquista y en los conflictos entre los reinos cristianos y musulmanes. Actualmente se conserva en estado de ruina, aunque aún se pueden identificar restos de murallas perimetrales, torres defensivas y fosos y desniveles naturales utilizados como elementos de defensa.
Cuando llegamos a la parte más alta, pudimos observar desde lo alto el valle del río Ara, las distintas partes de Boltaña y las montañas del Pirineo. Esta posición dominante explica por qué el núcleo original se desarrolló en torno a esta fortificación: originalmente el castillo funcionaba como centro político, militar y simbólico del asentamiento. Desde el punto de vista urbanístico, se podía apreciar cómo el casco histórico creció de forma concéntrica y descendente desde el castillo hacia el río, generando una estructura jerárquica donde las cotas más altas estaban reservadas a los edificios de mayor importancia estratégica y religiosa.
Tras la explicación sobre la evolución del pueblo, pudimos comprender cómo Boltaña ha pasado de ser un núcleo compacto y amurallado a extenderse progresivamente hacia las zonas más llanas cercanas al río Ara. El crecimiento contemporáneo se ha producido principalmente en la parte baja, donde la topografía permite una urbanización más regular y accesible. En estas áreas se localizan equipamientos públicos, nuevas viviendas unifamiliares, bloques de pequeña altura e infraestructuras viarias de mayor capacidad.
Este contraste entre el casco histórico medieval y los ensanches modernos resulta especialmente interesante para el trabajo de modificación del PGOU, ya que plantea retos como la protección del patrimonio histórico, la mejora de la accesibilidad en zonas con fuertes pendientes y la integración de nuevas edificaciones en un paisaje de gran valor ambiental.
Tras la subida al castillo, realizamos una pausa para comer y posteriormente dispusimos de tiempo libre para recorrer el municipio por nuestra cuenta. Este tiempo fue fundamental para analizar con mayor detalle los ámbitos concretos de intervención urbanística que estamos estudiando en la asignatura, especialmente las zonas próximas al río y los bordes urbanos donde se prevén posibles transformaciones.
La visita permitió complementar el trabajo en planos y ortofotos con una comprensión real de las condiciones espaciales, sociales y paisajísticas del lugar, algo imprescindible en cualquier proceso de planificación urbana.
Durante la tarde, el trabajo se centró en un análisis de detalle de los ámbitos que centrarán nuestra propuesta de modificación del PGOU. Este tiempo de exploración directa, con el plano sobre el terreno y la toma de anotaciones in situ, fue fundamental para estudiar los bordes urbanos y las áreas de contacto entre el casco consolidado y los ensanches modernos. Nos centramos especialmente en las zonas próximas al río, donde contrastamos nuestras primeras intuiciones y la información obtenida en las entrevistas con la capacidad real de transformación del suelo. El uso de croquis y el marcado de notas sobre la cartografía base permitieron identificar carencias críticas de accesibilidad, validando sobre el terreno lo que previamente solo conocíamos a través de ortofotos y documentos teóricos.
Testimonio de un residente: las condiciones reales que viven los habitantes de Boltaña
Para que el avance del Plan General de Ordenación Urbana sea verdaderamente efectivo y no quede reducido a un documento teórico de despacho, resulta necesario confrontar la normativa con la experiencia vital de sus residentes.
En este análisis contamos con el testimonio de gente de la localidad. Su vinculación con Boltaña se remonta a su infancia y actualmente se mantiene en estancias vacacionales y periodos cortos de tiempo. Gracias a su participación en este estudio, podemos conocer la evolución del municipio desde hace más de treinta años, revelando de este modo una paradoja urbana fundamental: a pesar de que el pueblo ha experimentado una mejora sustancial en infraestructuras y servicios, contando ahora con el cine, el pabellón deportivo, el palacio de congresos y una conexión sanitaria solvente, se puede percibir una pérdida drástica de la identidad social y la intensidad vital.
En relación con la población residente en el municipio, ocurre lo mismo que en la mayoría de los pueblos de España: se encuentra con una estacionalidad fracturada. Los meses de invierno son un periodo crítico para el tejido comercial y hostelero: los motores de la vida pública, nodos de intercambio y principales fuentes de ingresos del municipio, cierran por vacaciones o limitan su horario a los fines de semana. Sin embargo, en verano, la actividad en el municipio asciende de una manera exponencial.
En este contexto, la propuesta del alcalde sobre la piscina climatizada y el uso de la biomasa adquiere una relevancia que trasciende a lo meramente ecológico o energético. No debe entenderse únicamente como una alternativa técnica para descongestionar el río en verano, sino como un catalizador de resiliencia invernal.
Sin embargo, uno de los problemas que observa nuestra colaboradora en cuanto al urbanismo del municipio no tiene tanto que ver con una caldera de biomasa o la construcción de CLT, sino con la fragmentación urbana provocada por la infraestructura viaria: debido al desarrollo lineal del “barrio bajo”, articulado exclusivamente en torno a la carretera nacional, el municipio ha resultado segregado en dos realidades inconexas.
En el periodo estival, este eje de comunicación se transforma en una barrera física infranqueable debido al intenso flujo de desplazamientos turísticos, lo que dificulta la movilidad peatonal cotidiana y fractura la conexión entre los distintos tejidos. Además, a esta barrera horizontal se le suma el desafío topográfico vertical del “barrio alto”.
Se destaca que para una población que ha envejecido en paralelo del pueblo, las pendientes del casco histórico se han convertido en muros invisibles que los expulsan de sus propias raíces, haciendo que en ocasiones tengan que irse del municipio en el que llevan toda la vida.
Finalmente, un tema importante para la vida en Boltaña es la logística diaria, en donde nos relató la necesidad de desplazarse a centros como Sabiñánigo para abastecimientos específicos o la valoración de una red de carreteras que, aunque hoy es mucho más cómoda y segura que las de hace 30 años, sigue teniendo un margen de mejora considerable.
Conclusiones
La visita a la localidad nos ha permitido extraer una serie de aspectos relevantes que creemos que se deben tratar con mayor urgencia y que, en consecuencia, pensamos que deben de ser los catalizadores de una revisión del Plan General del municipio, así como de un cambio en las políticas municipales y regionales.
Para elaborar el resumen de conclusiones, planteamos un acercamiento a los retos que afronta el municipio desde una escala mayor hasta aspectos cotidianos de menor escala, siempre pensando en las repercusiones que acarrean para los residentes, los turistas y principales actores económicos de la zona.
Para empezar, se aprecia que el municipio (aunque es uno de los más favorecidos dentro de la comarca) carece de un sistema de comunicaciones preparado tanto para el día a día de los residentes como para la gran afluencia de turistas que llegan en verano. Además, la carretera nacional está fuertemente condicionada por la topografía.
Tras el trabajo de análisis, consideramos que el Plan propone una solución costosa e insostenible mediante la construcción de una variante sur al otro lado del río. Esta obra resultaría tremendamente perjudicial para el paisaje del municipio del que tanto disfruta el turismo, y se trata de un reclamo económicamente inviable que depende de ramas superiores de la Administración, arrebatándole al pueblo la posibilidad de avanzar en su futuro y de realizar obras de importancia.
En esta línea, pensamos que se pueden reclamar mejoras que recorten tiempos y transformen el trazado actual en una carretera más segura. Esto, unido a un servicio de transporte, podría ser un punto de partida para conectar adecuadamente Boltaña con los núcleos de su entorno, convirtiéndola en una cabecera funcional.
Por otro lado, centrándonos en el propio núcleo del municipio, uno de los principales problemas es la presencia de dicha carretera como elemento de desconexión y barrera entre las partes alta y baja del núcleo principal, casi como si de dos pueblos diferentes se tratase. En continuación con lo que supondría la propuesta anterior, una carretera más humanizada (con aceras más anchas, menor velocidad de tráfico y pasos peatonales seguros y con plataforma única) resolvería esa sensación de barrera infranqueable que los testimonios de residentes expresan.
Otra de las cuestiones que nos gustaría abordar es la falta de espacios públicos que se da en la parte baja del municipio, muchas veces debida a la incompleta y desigual ejecución de las distintas Unidades del Planeamiento.
Una gestión insuficiente ha llevado a que los desarrollos de la zona hayan crecido a un ritmo desigual, y la estructura de soporte compuesta por zonas verdes y equipamientos no se haya acabado de completar. Además, el Plan no realiza un estudio que trate de ligar el crecimiento de Boltaña con las trazas históricas o entornos naturales significativos que rodean el pueblo, lo que se traduce en un desaprovechamiento de oportunidades como podría ser la mejora de la relación con el río y el barranco.
Todo esto genera un caos urbanístico en la zona baja del municipio. La falta de espacio público, el crecimiento desigual de los desarrollos y el deterioro de las infraestructuras, unido al gran volumen de turistas que llegan al pueblo en temporada alta, ha terminado por convertir la zona de llegada del municipio en un ámbito sin identidad, que no trabaja para mejorar la calidad de vida de sus habitantes.
De este modo, las propuestas llevadas a cabo en el taller de la asignatura por los distintos grupos se centran mayoritariamente en resolver la relación entre las partes alta y baja del municipio, así como la del mismo con la huerta y la ribera.
Entre los proyectos destacables encontramos parques lineales a lo largo del río, la reurbanización del Barranco de San Martín a su paso por el municipio o la creación de vías verdes y peatonales que conecten los nuevos desarrollos. Todo ello con el fin de brindar coherencia a la trama urbana del pueblo, coser las partes alta y baja y dotar al municipio de espacios públicos de calidad.
Es así como creemos que Boltaña se convertirá en un lugar más atractivo para los visitantes y, sobre todo, para la nueva población que aspira llegar al municipio. Además, por supuesto, que se traduciría en una mejora inmediata para la vida de los que ya viven en la zona.
Este desarrollo urbanístico debe de ir acompañado de la creación de distintos equipamientos que resuelvan las carencias que el pueblo sufre en materia de, por ejemplo, atención sanitaria, cuidados para mayores, centros de trabajo y actividades para jóvenes.
En esta misma línea, valoramos positivamente la propuesta del alcalde: un circuito de biomasa potenciaría la sostenibilidad de la actividad económica del pueblo, ayudaría a reactivar el cuidado de sus montes y proporciona la capacidad de incorporar equipamientos como las piscinas a un menor costo, resolviendo a su vez la problemática de la estacionalidad.
Sin embargo, apoyamos nuevas líneas de trabajo que diversifiquen aún más la economía del pueblo, apostando por actividades alternativas al turismo. Por ejemplo, además de los equipamientos del pueblo y las nuevas piscinas, el nuevo sistema puede exportarse a las granjas cercanas, ayudando a la ganadería local y ofreciendo nuevas oportunidades de empleo que fijen población.
Por último, la compleja topografía del municipio es difícilmente resoluble, pero puede atajarse mediante políticas sociales en relación con la vivienda y los servicios públicos para mayores. Además, para combatir la despoblación y la falta de relevo generacional que puede acarrear la parte alta del municipio, creemos que sería útil plantear el desarrollo de viviendas sociales destinadas a jóvenes que acompañen a las nuevas oportunidades vistas anteriormente.
En definitiva, se trata de consolidar el municipio a nivel económico, demográfico y social, diversificando la actividad económica desde el urbanismo y los servicios públicos.
Hemos encontrado este trabajo muy enriquecedor, aportando una nueva perspectiva que nos explica cómo urbanismo, servicios públicos y actividad económica van de la mano y cómo la salud de la relación entre estos tres conceptos mide la calidad de vida y el futuro de los habitantes de toda una región.
Luis Blanco Martínez, María Justa Domínguez, Andrea Mateo Cuartero y Silvia Rodriguez Romanos
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